El camino de Santa Teresita según el Padre Dehon

Víctima de justicia y víctima de amor

Un alma, impresionada por la pasión de Nuestro Señor y la visión de los pecados del mundo, puede ofrecerse a Dios como víctima de justicia, puede unirse a la pasión de nuestro Señor, para reparar los ultrajes hechos a Dios, para salvar las almas expiando sus faltas. La Providencia permitiría que estas almas pasen por algún sufrimiento reparador. Tal es, creo yo, la ofrenda de algunas congregaciones de almas víctimas, como aquellas de Marsella y de Namur.

El camino de Sor Teresa del Niño Jesús es un poco diferente, ella no se ofreció como víctima de justicia, ella se ofreció como víctima o como holocausto al amor misericordioso de Jesús. Esto es, el abandono a la voluntad de Jesús en el espíritu de amor y de inmolación. Puede que agrade a Jesús pedir a esta alma algún sufrimiento reparador, ella está totalmente dispuesta a llevar la cruz por amor a Jesús y a las almas. Y el amor mismo tiene su sufrimiento. El alma amante sufre de sus imperfecciones, ella sufre de ver a Jesús poco amado y ofendido a menudo. Su amor va creciendo hasta el martirio de amor.

Nuestra espíritu propio es la “Vida de amor y de inmolación” (Const. cap. II). La inmolación de amor predomina, con algo de la inmolación de reparación. Nosotros hemos nacido del espíritu de Margarita María en el cual nos acercamos al de Sor Teresa. Sigamos la atracción que la gracia nos inspira.

Aquí está la ofrenda de Sor Teresa, que fue indulgenciada por la Iglesia:

“Oh mi Dios, Trinidad bienaventurada, a fin de vivir en un acto de amor perfecto, yo me ofrezco como víctima de holocausto a tu Amor misericordioso, suplicándote que me consumas sin cesar, dejando desbordar en mi alma las olas de ternura infinita que se encuentran en ti, así yo me convertiré en un mártir de tu Amor, oh mi Dios. Que este martirio, después de haberme preparado para comparecer ante ti, me haga en fin morir y que mi alma se eleve sin demora en el eterno abrazo de tu misericordioso amor… Yo quiero, oh mi Bien Amado, a cada latido de mi corazón, renovarte esta ofrenda un número infinito de veces, hasta que desvanecidas las sombras, te pueda repetir mi amor en un cara a cara eterno” (300 días de indulgencia cada vez – indulgencia plenaria cada mes – 31 de julio 1923).

Con Sor Teresa nosotros nos abandonamos enteramente a la voluntad divina: Dedicamos y consagramos nuestras facultades al beneplácito divino (Const. N º 9). Con ella y con Margarita María ofrecemos a Dios nuestras oraciones, nuestro trabajo y nuestras penas en unión con el Sagrado Corazón de Jesús, en espíritu de alabanza, de amor, de holocausto y de reparación (Const. n º 10).

León Dehon, Abril de 1925 (NQT-45, 68-71)

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