Nuestra profesión de inmolación

Nuestra profesión de inmolación no es un voto, sino una piadosa resolución que se puede resumir en esta fórmula: orar, obrar, sufrir y sacrificarse por el Corazón de Jesús. Consiste prácticamente en ofrecer como sacrificio nuestras oraciones, acciones y sufrimientos al Sagrado Corazón de Jesús por amor a Él y en unión con Él por todas sus intenciones, en particular por la obra de la Redención, según los cuatro fines del sacrificio que son: la adoración, la acción de gracias, la impetración y la reparación. (DE III,5.1)

 

[…]
Me ofrezco y me consagro enteramente al Corazón de Jesús,
para esforzarme en inmolar, según su ejemplo,
mi vida a Dios Padre, […]
Por esto ofrezco a la divina Majestad
mis oraciones y labores, mis dolores y gozos,
que, consumidos en el afecto del Sacratísimo Corazón,
sean para siempre un sacrificio de amor y propiciación;
y suplicante pido al Señor
que se digne aceptarme a mi, su indigno siervo,
como hostia consagrada a su amor. Amén.

(TP 1956)

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