León XIII, Dehon y Harmel: Los 3 leones

Se dice que cada sacerdote o cada obispo tiene su papa preferido, y que en esa preferencia se refleja también en gran parte su forma de pensar y de ser. Seguramente esto tiene mucho de verdad. Desde luego, se hizo muy patente en la íntima y fuerte relación de amistad que durante muchos años tuvieron el papa León XIII y el padre León Dehon. En el transcurso de su existencia Dehon conoció y trató de cerca varios papas, pero sin duda, el papa de su vida fue León XIII, y esto nos dice ya muchas cosas de la forma de ser, de pensar y del alma de apóstol social de este polémico sacerdote.

En el último cuaderno del diario del padre Dehon, en las líneas finales escritas días antes de su muerte, es a León XIII, su papa amigo, a quien recuerda. Estamos en agosto de 1925 y León XIII había muerto en julio de 1903, pero Dehon tiene en su pensamiento al papa que más honda huella dejó en su vida, y lo recuerda con estas palabras:

Recibo buenas cartas de Víctor Berne, de Lyon. Me recuerda mis antiguas campañas en la ‘democracia cristiana’ por la acción católica en Francia. Durante aquellos años yo escribía el artículo de fondo en aquella excelente revista. Era una de las formas de mi campaña social bendecida por León XIII” .

Así, evocando el nombre de este papa, acabó el padre Dehon su diario y su larga vida. Atrás quedaba una amistad determinante, sobre todo para el padre Dehon.

Dehon y León XIII

Dehon fundaba la Congregación de Sacerdotes del Corazón de Jesús en 1878. En este mismo año de la fundación es entronizado en la sede romana un nuevo papa con el nombre de León XIII, León Dehon ya conocía al elegido, pues había vivido de cerca el Concilio Vaticano I, en el cual actuó como estenógrafo. Allí escuchó en vivo al arzobispo de Perugia, el entonces cardenal Pecci, y de él recuerda su preocupación por las cuestiones sociales en su magisterio como obispo diocesano. Fue, por tanto, en este contexto conciliar donde Dehon tuvo noticias por primera vez de la personalidad y las actividades que el obispo Pecci promovía en su diócesis perugina. Él lo relata así:

Yo conocí al cardenal Pecci en el Concilio en 1869. Mis funciones de secretario estenógrafo me pusieron en contacto con todos los Padres de la santa asamblea. Las conversaciones de pasillos en el Concilio me permitieron conocer la actitud y las disposiciones de la mayor parte de ellos. El cardenal Pecci no era ni de la derecha ni de la izquierda. Él era él mismo. Tenía demasiada inteligencia y carácter como para sufrir una influencia o para caminar en fila. Se escuchaba ya al hombre que podría hacer de Papa….” .

La descripción de León XIII que hace Dehon en un artículo que escribe con motivo de su muerte en 1903 refleja muy bien por qué estos dos hombres conectaron por esos años con facilidad, pues describiendo a este papa él dice cosas importantes de su propia persona, de su pensamiento y de su acción apostólica:

No fue solamente un intelectual, sino un hombre de acción. Él no se contentó con leer a los sociólogos, fundó obras. Obispo de Perugia estableció escuelas nocturnas, montes de piedad agrícolas, jardines de S. Felipe Neri, círculos y patronatos. Es un obispo social… Él seguía el movimiento de la obra de los Círculos en Francia y en Bélgica, de los Gesellenverein en Alemania. Elegido Papa, él debía ser un Papa político y social” .

León Dehon comenzará sus acciones sociales en la “Obra de los círculos católicos obreros”, y fundará en S. Quintín el patronato de S. José, en 1873, donde trabajará por armonizar la vida y los intereses de obreros y patronos, siempre al amparo del sacerdote y de la Iglesia. Habían pasado sólo dos años, desde que en 1871 se fundasen estos “Círculos” por los católicos antes citados. El padre Dehon no tardó en añadirse con entusiasmo a la idea. El patronato, es lugar también para la formación y el sano esparcimiento de los jóvenes. Dehon fundó en 1889 su revista “Le Règne du Sacré-Coeur” para hacer llegar al gran público sus ideas de justicia social, asociadas a una república democrática.

Dehon y León Harmel

Al mismo tiempo que debatía en campo ideológico, él concretizó sus ideales de justicia social con su gran amigo, el empresario León Harmel. La acción enérgica e innovadora de Harmel creando una fábrica modelo de justicia con el obrero, va a estar continuamente sostenida por el p. Dehon, como el consejero e inspirador de las ideas que Harmel ponía en práctica en sus instalaciones fabriles, a pesar de la incomprensión de muchos colegas patrones y del mismo clero. Ambos amigos, unidos junto a un grupo de clérigos bastante activos en la lucha social se convertirían muy pronto también en amigos queridos de León XIII, sellando su amistad con frecuentes visitas a Roma, encargos pastorales y confianza mutua. Como sucede con Dehon, el éxito de la reforma social de Harmel en sus fábricas se basaba en su orientación democrática y republicana, siguiendo las orientaciones del pontífice romano. A diferencia de los aristócratas, que propugnaban las obras de caridad de los patrones, Dehon y Harmel sostuvieron una acción autónoma de la clase obrera y un sindicato libre. La obra social que juntos realizaron en Val-des-Bois daría muchos frutos, siendo ejemplo en Francia y en países limítrofes, y así lo percibían los obreros con orgullo.

Pero, junto a la acción social en favor de los obreros y del cambio de las estructuras sociales que Dehon desarrollaba en los años setenta y ochenta del siglo XIX, su preocupación se dirigió con igual celo a la formación del clero en este campo de apostolado. Esta labor en el seno de la Iglesia francesa la realizará por estos años también en conjunción con su amigo L. Harmel. Que un laico se dirigiese al clero para instruirlo en materias doctrinales no fue bien visto por muchos eclesiásticos; sin embargo él realizaba sus “predicaciones” sin complejos. Era un hombre avalado por sus obras, no un teórico, y estaba sostenido por Dehon y un grupo de sacerdotes ilustrados con las mismas ideas.

Para tal fin, a partir de 1887 se convocarán durante el verano las reuniones de seminaristas de toda Francia en su fábrica de Val-des-Bois. Dichas reuniones se prolongarían periódicamente contando también con jóvenes sacerdotes y laicos durante catorce años, combinando la reflexión, la oración y el diálogo. Dehon participaba siempre en estos encuentros con ponencias y hacía la función de “padre superior” de esta improvisada comunidad de verano.

El Fundador y el Papa

En este contexto de tanta actividad social debe situarse la fundación de una nueva Congregación religiosa que Dehon había iniciado en 1878. Los ideales de su joven Congregación no van a estar separados de su pensamiento social, sostenido por un fuerte componente religioso y espiritual. Y porque todo este cúmulo de apostolado, confrontaciones con los que no le entienden y preocupaciones por el nuevo Instituto hicieron la vida muy difícil al sacerdote Dehon, se dieron varios encuentros con el papa León XIII en Roma con el fin de hacer un discernimiento que fortaleciese sus opciones. Él relata los primeros encuentros con el papa en forma ordenada así:

(Desde el tiempo del Vaticano I) “yo no le volví a ver durante los primeros años de su pontificado. Solamente en 1884 y en 1886, cuando le vi con ocasión de mis primeros ensayos de sociedad religiosa. Fui presentado por Mons. Thibaudier, el cual le señaló mis obras de San Quintín, el colegio eclesiástico, el círculo y el patronato obreros. Recibí de él un ánimo muy vivo y muy reconfortante. Las obras de apostolado que concernían a la juventud de todas las clases eran su ideal” .

El 6 de septiembre de 1888, el fundador se encuentra de nuevo con el papa para agradecerle el “decreto de alabanza” que aprobaba su Congregación religiosa, después de diez años de intensas luchas por la autentificación carismática de su Instituto en la diócesis de Soissons. Como Dehon nos ha relatado, León XIII había tenido ya unos primeros contactos con él y conocía sus actividades sociales, que desbordan el ámbito de su diócesis. Por eso Dehon cuenta de esta audiencia: “Él me reconoció, y en ello me demostró su asombrosa memoria: ‘yo os vi hace dos años’, me dijo. Me retuvo largamente y me habló de mis obras. Como le pedí que bendijese las misiones que preparábamos para la república de Ecuador, me respondió: ‘Guardad vuestras mejores fuerzas para Francia, ¡tiene tanta necesidad de apóstoles!’” . En otro lugar, Dehon relata que en este encuentro hablaron de la cuestión social en Francia y el papa le dio un mandato explícito: “¡predicad mis encíclicas! Ellas combaten los errores contemporáneos” , cosa que Dehon cumplirá con un celo infatigable a partir de esta exhortación del pontífice. El afecto que se irá creando entre los dos se percibe en las palabras con que Dehon describe la entrevista: “El Santo Padre me acogió con una bondad extrema. Yo me tendí a sus pies un cuarto de hora” . Fue siguiendo la consigna del papa, como al año siguiente Dehon pondrá en marcha una nueva revista: “El Reino del Corazón de Jesús en las almas y en las sociedades”, una de cuyas finalidades principales será el dar a conocer la doctrina social de la Iglesia que iba emanando de las encíclicas de León XIII. Su lema de acción social, “¡id al pueblo!”, lo tomará también del papa León, y para este fin concitará fuerzas selectas entre todas las clases sociales de su país: laicos, patronos, intelectuales, sacerdotes, obispos, religiosos, etc.

Una obediencia leal e incondicional a León XIII va a llevar a Dehon a cambios radiales en su pensamiento y en su vida, lo cual le acarreará grandes incomprensiones. Él, hombre de formación aristocrática e intelectual, se va a dedicar de cuerpo entero a los obreros y jóvenes miserables de su ciudad, rechazando las propuestas de vida universitaria e intelectual que le fueron hechas en repetidas ocasiones por altas instituciones eclesiales. Él, de ideas monárquicas y conservadores se va a hacer uno de los más acérrimos defensores de la república y la democracia. Y todo por seguir las consignas que León XIII daba para Francia.

Pero llegados a este punto, hay que decir que estas opciones político-sociales de Dehon, siguiendo al papa, no harán de él un sociólogo de oficio, interesado por agradar a la superioridad. Él solo pretendió ser un sacerdote católico que analizaba los problemas sociales de su tiempo a la luz del Evangelio y a la luz de las directrices del magisterio de su admirado León XIII. Es con León XIII con quien el padre Dehon navegó a velas desplegadas por el difícil mar de la cuestión obrera y del apostolado social en toda Europa. Dada la sintonía de preocupaciones pastorales en ambos, a partir de 1894 se encontrarán frecuentemente, y su cálida relación se convirtió cada vez más en proyecto común entorno a una misma causa. Las palabras de Dehon tras sus encuentros son una muestra elocuente de dicha sintonía acumulada con los años. Después del encuentro tenido en 1894 dice: “Él me testimonió una benevolencia particular, a causa de mi campaña de apostolado social por mis libros y por mis discursos y conferencias en muchos congresos y reuniones” . Cuando en este año Dehon publica su Manual social cristiano , él le envía un ejemplar al Santo Padre, y a través del cardenal Rampolla recibirá las más calurosas felicitaciones del papa, indicando que al papa le han gustado mucho las enseñanzas allí contenidas y presentadas en forma didáctica y popular.

Si miramos objetivamente la historia de este periodo en Francia, resulta evidente que en esta labor social de León XIII en el país galo el P. Dehon tuvo un protagonismo central. Él mismo se consideró siempre, y con humor, como “el pequeño gramófono de sus encíclicas” . Y cuando el papa León murió, Dehon expresó su deseo de permanecerle fiel; lo dice con palabras emotivas:

“Yo soy y yo quiero perseverar como el humilde apóstol de las encíclicas de León XIII. Es la vía luminosa y es la esperanza de salvación” .

En base a un trabajo de F. Rodríguez Garrapucho, scj

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