La trilogía de Dehon (3/3)

León Dehon llegó a San Quintín en noviembre de 1871, después de pasar seis años en Roma. El puesto de vicario, para el que le nombra su obispo, no correspondía en absoluto a sus gustos, sus expectativas, sus proyectos de futuro. Con gran rapidez, analizará con ojo crítico sus obligaciones ministeriales –catecismo, sacramentos, visitas a los enfermos– y las estructuras parroquiales desmesuradas que no permiten relacionarse más que con unas pocas “familias elegidas”. El sacerdote no tiene prácticamente ningún contacto con los medios populares, masivamente alejados de la Iglesia y, por lo demás, poco sensibles a su mensaje. Este análisis preciso, que el joven vicario formula en sus Notes sur l’historie de ma vie, probablemente ha sido perfilado ulteriormente. Pero da fe de un evidente malestar en el joven sacerdote, que se reconoce a si mismo cada vez menos en sus actividades pastorales concretas. Durante estos años de vicario, una verdadera tensión interior, alimentada por los desacuerdos y los cuestionamientos, nacida y engrosada, le conducirá en 1877 a salir de este marco impuesto. Una observación que hace después de un viaje a Roma en la primavera de 1877 acompañando a su obispo –que no le permite alojarse en el seminario francés– es significativa de su estado de ánimo. Reanuda sus actividades en San Quintín, que él llamará “sus cadenas”, y dice: “Tenía por ese género de ministerio la mayor repugnancia, pero no lo hice ver en absoluto” (NHV, XII,152). Esta observación, en un hombre tan educado como León Dehon, es más que elocuente. Traduce de un modo inmejorable la tensión que desemboca en una auténtica rotura interior en 1877, lo que puede explicar las opciones inesperadas que él hace en junio del mismo año: fundar una Congregación.

 En cualquier caso, desde 1872, el vicario Dehon empieza a poner en práctica otra estrategia pastoral que le acerca a los medios populares desamparados: patronato, círculos de estudio, hogar para jóvenes y tantas otras actividades que dan testimonio de una auténtica preocupación social que irá precisándose en él. Se aprecia la construcción de la trilogía sacerdotal de la que se ha hablado anteriormente: doctor, apóstol, santo. La novedad dehoniana recompone el esquema sacerdotal clásico: santidad personal y celo apostólico, añadiéndole un tercer elemento esencial: la atención a las realidades humanas y sociales. Dehon hará de la preocupación social la señal indicadora de una pastoral adaptada a las realidades modernas. En el gran Congreso eclesiástico de Bourges, en 1900, se le encarga pronunciar el discurso inaugural. Durante los tres días que dura el Congreso, él es quien anima el examen particular de mediodía. Recuerdo una de sus preguntas, que propone a la reunión de sacerdotes, pues me parece reveladora de sus preocupaciones y orientaciones: “¿Hemos querido suficientemente a la sociedad contemporánea, como para no tener respecto a ella una actitud de rechazo?” (León Dehon, OSC IV, 577). Es una pregunta que equivale a un profundo cambio estratégico: en lugar de criticar la evolución de la sociedad, la Iglesia debe preguntarse sobre sus resistencias y sus prácticas en relación con ella. ¡Y eso que estamos en 1900, en la más fuerte tempestad que sopla sobre la Iglesia de Francia y que desembocará en 1902 con la expulsión de los religiosos, y en 1905 con la separación de la Iglesia y el Estado!

 El P. Dehon, en el siglo XIX, es el único fundador de Congregación dedicada espiritualmente al Sagrado Corazón que ha desarrollado –con aquellos otros sacerdotes que la historia llama los “Abbés Democrates”– toda una serie de actividades destinadas a abrir la Iglesia a las realidades del mundo moderno: la asunción de las cuestiones sociales, especialmente en lo que se refiere a la justicia social y a la democracia. Es en este sector donde es necesario buscar la originalidad de Dehon y probablemente también lo que él tiene de más actual, de mayor “ósmosis” con las sensibilidades contemporáneas. En este cruce espiritual entre Corazón de Jesús y compromiso social es donde se sitúa la originalidad de Dehon, la novedad que aporta él, todavía hoy, a nuestra Iglesia. Dehon abre hacia afuera la espiritualidad del Corazón de Jesús, quiero decir, hacia la atención benevolente a las cuestiones y a los debates de actualidad y hacia las preocupaciones de sus contemporáneos, la desgaja del enfoque victimista que la encierra en una problemática exclusivamente eclesial. En este sentido, quiere desarrollar una espiritualidad del Corazón de Jesús que concierne tanto a las sociedades como a las personas (“almas”), según el título dado a la revista que funda en 1889.

Basado en el trabajo del padre Ledure, scj

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