El padre Dehon en la escuela de la confianza

A la manera de santa Gertrudis y bajo la moción del Espíritu, Dehon buscó y encontró todo un estilo de vida, un modo de ser, de rezar, de vivir, que poco a poco se fortaleció y se dilató. De él emanó una actitud de fondo que se hizo unificadora de toda la vida: la confianza. Una confianza que no tiene nada que ver con la ingenuidad, que no es de ninguna manera pasividad ni indiferencia ante el sufrimiento del mundo, que no se deduce tampoco de una afectación sentimental cualquiera.

“Todos los santos amaron a Jesucristo, pues el amor de Jesucristo es el término de la santidad; pero este amor no tiene el mismo carácter en todos los santos; lo más saliente del amor de Gertrudis es la confianza. Ella parece haber comprendido mejor que otros estas palabras del Señor: ‘Yo soy el maestro, aprendan de mí, que soy dulce; no tengan miedo, acérquense, soy yo’. He aquí por qué, conociendo mejor al dulce y buen Corazón de Jesús, lo amaba tan frecuentemente, encontrando en él una fuente inagotable de amor, de misericordia y de confianza. Todos los bienes que he tenido –decía ella- los debo a la confianza que he tenido en la gratuita bondad de mi Dios… Recurría en todo a Jesús, como un niño a su madre. Ningún dolor le parecía demasiado pequeño para dejar de llamar la atención de su dulce Jesús” (OSP 1, p. 471).

Captamos aquí una característica de la espiritualidad de nuestro fundador. Particularmente, en su correspondencia no cesa de exhortar:

“¡Confianza! ¡Confianza, ahora y siempre! ¡Valor y oración! Sursum corda!…”.

Su familiaridad con santa Gertrudis lo llevará a encontrarse muy pronto, y cada vez más, en el movimiento espiritual de otra gran mítica, ésta, contemporánea: Teresa de Lisieux. En el corazón de la prueba de la guerra, en julio de 1916, escribe: “Con Sor Teresa del Niño Jesús, quiero ascender a Dios por la confianza y el amor… quiero morir con estas disposiciones de confianza y de amor (NQT XL/ 1916, 63). De hecho, el testimonio del P. Philippe sobre la muerte del Fundador, dice: “La confianza no velada era, sin duda, una de las notas características de la vida interior de nuestro Padre durante su enfermedad” (Lettere Circolari, p.32).

Esta confianza es opuesta a toda perezosa evasión, hasta tal punto ajena a todo fácil sentimentalismo, que debe inscribirse absolutamente, para Santa Gertrudis, en la fidelidad vigilante de una vida consagrada, concretada en un servicio efectivo motivado por el amor.

“Se puede entrar por dos puertas en el Sagrado Corazón: la penitencia y la confianza. Por la penitencia, se accede al vestíbulo, no el interior; pero por la confianza se hiere deliciosamente el corazón de Nuestro Señor, se adueña de él y se entra en él. Por eso, para llegar a la vida escondida en Dios hace falta aplicarse a la confianza, hacer actos frecuentes de ella y destruir constantemente lo que puede ser contrario a ella” (OSP 2, p. 230). Es una confianza que irradia alegría profunda y seguridad. Ésta se concreta al mismo tiempo en el celo de la misión, que es ciertamente la finalidad misma de la revelación del Corazón de Jesús (ver OSP 1, p. 539).

Al abrir el 8º Capítulo General, en julio de 1919, el P. Dehon decía a su Congregación:

“Al celo de san Ignacio debemos unir la piedad de santa Gertrudis”.

Fuente: Revista Dehoniana 109 (3/2002), pp. 27-52

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