La visión pastoral del padre Dehon

Dehon fue innovador en la cuestión social, convirtiéndose, según su expresión en “el fonógrafo” de León XIII, después de 1892. Militará para que los católicos adopten, como modo legítimo de gobierno la República. Distingue cuidadosamente República de Revolución Francesa, respecto de la que tiene un juicio negativo. Será un “guerrillero” muy activo, especialmente en el ámbito de los congresos de la democracia cristiana, tanto en el plano político como en el sindical. A sus ojos, sólo ella ofrece la fórmula para un reencuentro-reconciliación del pueblo con la Iglesia. “La democracia cristiana – escribió en 1902- es la Iglesia en tanto que favorecedora de los intereses el pueblo por la práctica de la justicia y de la caridad” (Oeuvres ociales 1, 577).

Dehon fue un vivo guerrillero de la cristiandad, que es, a sus ojos, un ideal. Frecuentemente habla de ella con nostalgia. Pero su realismo cultural le obliga a reconocer que tal combinación de lo político y lo religioso ya no corresponde a la situación de su época. Es, preciso, pues, hacer salir a la Iglesia de un sistema de cristiandad, en el que regulaba con autoridad tanto la sociedad en su conjunto como la conciencia de los particulares. La Iglesia no debe pensarse en función de sí misma, sino en cuanto “aliada del pueblo”, según expresión suya. Es “pareja” en una sociedad distinta. Modificando las relaciones tradicionales, de tipo jerárquico, entre Iglesia y sociedad, Dehon invita a su Iglesia a entrar valientemente en los tiempos nuevos que constituyen nuestro presente.

Esta formación desarrollada, ampliamente abierta al ámbito internacional, permitirá al P. Dehon estar particularmente atento a las realidades de su época. Así, el que no es todavía sacerdote, sino sólo estudiante de derecho en París, constata que la Iglesia, privada de hombres competentes, no participe en los debates culturales de su época. Las insuficiencias de la Iglesia de Francia en la formación de los futuros sacerdotes saltan a la vista del seminarista romano. El modelo sulpiciano o lazarista (paúl) en uso en los seminarios consiste en formar sacerdotes celosos y piadosos, totalmente sometidos a la jerarquía. Este modelo ignora por completo a a sociedad, que evoluciona en sus costumbres y sus reivindicaciones. No prepara al sacerdote a debatir sobre la ciencia, que cuestiona los problemas clásicos, heredados de un mundo antiguo. Desde su período romano, Dehon sueña con fundar una congregación que se consagre exclusivamente a los estudios superiores. Pues, para él, si el sacerdote ha de ser celoso y piadoso, debe ser también doctor, es decir, capaz de comprender las apuestas de una sociedad y de debatir desde un punto de vista cristiano. La trilogía “santidad, celo, saber” es la armadura indispensable del apóstol de los tiempos modernos. Esta problemática conserva toda su actualidad en la medida en que se pone poco en práctica. Ahora bien, en un mundo formado por múltiples saberes, científicos o tecnológicos, el apóstol no puede contentarse con una vaga buena voluntad: como cualquier ciudadano, debe adquirir la competencia de un término, lo que no perjudica nada a la vida espiritual.

Dehon no realizará este primer proyecto. Pero guarda en el corazón la convicción de que la Iglesia, para entrar en el mundo que llega, debe reformarse. En San Quintín es donde encontrará la materia que reformar, y de una manera mucho más amplia que la inicialmente proyectada. En noviembre de 1871, Dehon es nombrado séptimo vicario de la Basílica de San Quintín, única parroquia de la ciudad. “Era justamente lo contrario de lo que yo había deseado desde hacía años: una vida de recogimiento y de estudio. ¡Fiat!”, escribe con sobriedad en sus Notes sur l’histoire de ma vie (NHV IX, 71). Este nombramiento estrambótico muestra, si no la incoherencia de una Iglesia, al menos, la de un obispo que no sabe qué hacer con un joven sacerdote extraordinariamente dotado fuera de lo común del hecho de su itinerario universitario. Aquí se ve cómo la fuerza de las costumbres ahoga toda inventiva. Por el contrario, la reacción del vicario manifiesta la riqueza de su personalidad, la pertinencia de su sensibilidad para con las cosas de la vida. El joven sacerdote se compromete totalmente en el ministerio parroquial. Pero Dehon calibra rápidamente las insuficiencias de su Iglesia, no sólo en el plano intelectual, como había presentido al principio, sino en el conjunto de su estrategia ministerial. “Un error de pastoral” separa a la Iglesia de las fuerzas vivas de la sociedad, como las capas trabajadoras; la Iglesia es extraña al mundo del trabajo e ignora sus condiciones inhumanas de vida. Dehon no se resigna a no tener entre los fieles más que a los niños, las mujeres y los viejos.

De ahí que su proyecto de reformar de los estudios eclesiásticos va a tomar una amplitud muy distinta y a aplicarse a la estrategia pastoral de Francia en su conjunto. La Iglesia no puede contentarse con distribuir los sacramentos. El sacerdote debe salir de la sacristía para comprometerse en el ámbito de la sociedad como tal; debe participar, por su cuenta, en la reforma de una sociedad en la que las injusticias son indignantes.

P. Ledure scj

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