La Catequesis Social

“No nos dimos cuenta que nuestras teologías y catecismos estaban incompletos, que los deberes cívicos, políticos y económicos no estaban mencionados. Nosotros queremos agregar a nuestros catecismos las páginas que han desaparecido momentáneamente” León Dehon, OS I, 316-317.

En su servicio de educación en la fe, la catequesis no debe omitir, «sino iluminar como es debido… realidades como:

  • la acción del hombre por su liberación integral,

  • la búsqueda de una sociedad más solidaria y fraterna,

  • las luchas por la justicia

  • y la construcción de la paz» Juan Pablo II, CT 29.

Para este fin, es necesario procurar una presentación integral del Magisterio social:

  • en su historia,

  • en sus contenidos

  • y en sus metodologías.

Una lectura directa de las encíclicas sociales, realizada en el contexto eclesial, enriquece su recepción y su aplicación, gracias a la aportación de las diversas competencias y conocimientos profesionales presentes en la comunidad.

Es importante, sobre todo en el contexto de la catequesis, que la enseñanza de la doctrina social se oriente a motivar la acción para evangelizar y humanizar las realidades temporales. De hecho, con esta doctrina la Iglesia enseña un saber teórico-práctico que sostiene el compromiso de transformación de la vida social, para hacerla cada vez más conforme al diseño divino.

La catequesis social apunta a la formación de:

  • hombres que, respetuosos del orden moral, sean amantes de la genuina libertad,

  • hombres que «juzguen las cosas con criterio propio a la luz de la verdad,

  • que ordenen sus actividades con sentido de responsabilidad

  • y que se esfuercen por secundar todo lo verdadero y lo justo asociando de buena gana su acción a la de los demás» CVII, DH 8.

Un valor formativo extraordinario se encuentra en el testimonio del cristianismo fielmente vivido: «Es la vida de santidad, que resplandece en tantos miembros del pueblo de Dios frecuentemente humildes y escondidos a los ojos de los hombres, la que constituye el camino más simple y fascinante en el que se nos concede percibir inmediatamente:

  • la belleza de la verdad,

  • la fuerza liberadora del amor de Dios,

  • el valor de la fidelidad incondicionada a todas las exigencias de la ley del Señor, incluso en las circunstancias más difíciles» Juan Pablo II, VS 107.

La doctrina social ha de estar a la base de una intensa y constante obra de formación, sobre todo de aquella dirigida a los cristianos laicos. Esta formación debe tener en cuenta su compromiso en la vida civil: «A los seglares les corresponde, con su libre iniciativa y sin esperar pasivamente consignas y directrices, penetrar de espíritu cristiano:

  • la mentalidad y las costumbres,

  • las leyes y las estructuras de la comunidad en que viven» Pablo VI, PP 81.

 PCIP, Compendio Doctrina Social 529-531

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