¿Cómo era el temperamento del padre Dehon?

El p. Dehon era un hombre de un temperamento muy equilibrado, con un gran dominio de sí mismo. En un cuaderno, al que había dado el título de “Manual” y que parece haber utilizado mucho, encontramos algunas páginas con dichos y consejos:

“Todo lo que causa inquietud proviene del diablo. Toda inquietud nace del amor propio”.

Para él, cada desaliento viene del diablo o del amor propio. En esto se dejó inspirar por uno de sus santo preferidos: San Luis Gonzaga, patrono del colegio romano. Según el padre Bertrand seguía jugando tric-trac durante la evacuación de San Quintin cuando caían los proyectiles por todos lados.

Se sabía en las manos de Dios, de su amorosa Providencia y por eso no había por qué inquietarse o afiebrarse. Por eso en muchas de sus cartas recomienda a sus religiosos no perder nunca la calma; por ejemplo a sus misioneros en Ecuador durante la revolución de Alfaro. Por el gran dominio de sí mismo podía ser también un hombre de un gran recogimiento interior. Nunca se lo vio reír a carcajadas, lo que uno u otro vio como una debilidad o deficiencia. Era más bien de un humos más fino y de una “alegría modesta”, palabra que el mismo usa varias veces.

Era un hombre muy optimista. Miraba así siempre a las personas y las cosas y aconsejaba a los suyos a no desanimarse, pues “el desaliento viene del diablo”.

Un pesimista, según él, no conoce las fuerzas de la gracia, le falta energía moral, su espíritu y su voluntad están enfermos. Llama al pesimismo una enfermedad crónica, difícil de sanar.

p. Egidio, scj

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