Dehon en la escuela de la confianza (II)

El padre Dehon veía en Dios a un padre bondadoso que nos cuida con su amor. Por eso, con toda la confianza podemos echarnos entre sus brazos. Es él quien nos cuida, nos protege y dirige los pasos de nuestra vida.

En 1888 escribió en su Diario:

“La fe es un abandono alegre y confiado a la sabiduría infalible de Dios, a la infinita benevolencia de su Providencia y de su ternura infalible por nosotros”.

Se acerca así a la idea que Santa Teresa de Lisieux (1873-1897) tenía de Dios.

Esta fe-abandono es una de las características de su espiritualidad. Por eso no es necesario que nosotros busquemos o elijamos las mortificaciones o las penitencias, pues Dios, que guía nuestra vida nos dará las que el mismo piensa útiles y necesarias. Así las cruces de la vida son para él gracias de purificación y bendición que Dios nos manda.

Por la misma razón, nuestra oración a Dios debe ser más una oración de alabanza, de gratitud, de reparación, que de petición.

“Si nosotros pensamos en él, él pensará en nosotros”.

Con su fe-abandono descubre en su propia vida y en los acontecimientos la mano de Dios.

Había anotado en Diario en 1888 la palabras de Maldonat, que decía que la fe es como la mano omnipotente de Dios. Todo lo que Dios puede, también la fe lo puede, y los que tienen la fe igualmente lo pueden, pues no actúan con sus propias manos, sino con las manos de Dios. Así la fe nos hace omnipotentes.

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