Jesús sacerdote y víctima (Juan Pablo II)

Jesús, Sacerdote y Víctima…
Jesús, Sacerdote eterno según el orden de Melquisedec…
Jesús, Pontífice tomado de entre los hombres…
Jesús, Pontífice constituido para los hombres…
Jesús, Pontífice de los bienes futuros…
Jesús, Pontífice fiel y misericordioso…
Jesús, Pontífice que nos amaste y nos lavaste de pecados en tu sangre…
Jesús, Pontífice que te entregaste a ti mismo a Dios como oblación y hostia…
Jesús, Hostia santa e inmaculada…
Jesús, Hostia en la que tenemos confianza y acceso a Dios…
Jesús, Hostia que vive por los siglos de los siglos…

Comentario del Beato Juan Pablo II

En el sacrificio de la Cruz, representado y actualizado en cada Eucaristía, Cristo se ofrece a sí mismo para la salvación del mundo. Las invocaciones litánicas recorren los diversos aspectos del misterio…
¡Cuánta riqueza teológica hay en estas expresiones! Se trata de letanías profundamente basadas en la Sagrada Escritura, sobre todo en la Carta a los Hebreos. Es suficiente releer este pasaje:

“Cristo como Sumo Sacerdote de los bienes futuros, (…) penetró en el santuario una vez para siempre, no con sangre de machos cabríos ni de novillos, sino con su propia sangre, consiguiendo una redención eterna. Pues si la sangre de machos cabríos y de toros (…) santifica con su aspersión a los contaminados, en orden a la purificación de la carne, ¡cuánto más la sangre de Cristo, que por el Espíritu Eterno se ofreció a sí mismo sin tacha a Dios, purificará de las obras muertas nuestra conciencia para rendir culto a Dios vivo!” (Hb 9, 11-14).

Cristo es sacerdote porque es el Redentor del mundo. En el misterio de la Redención se inscribe el sacerdocio de todos los presbíteros.
“Que los labios de los sacerdotes guarden la sabiduría…” (cf. Ml 2, 7). Me gusta recordar estas palabras del profeta Malaquías, citadas en las Letanías a Cristo Sacerdote y Víctima, porque tienen una especie de valor programático para quien está llamado a ser ministro de la Palabra. Este debe ser verdaderamente hombre de ciencia en el sentido más alto y religioso del término. Debe poseer y transmitir la “ciencia de Dios” que no es sólo un depósito de verdades doctrinales, sino experiencia personal y viva del Misterio, en el sentido indicado por el Evangelio de Juan en la gran oración sacerdotal: “Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y al que tú has enviado, Jesucristo” (17, 3).

Jesús, Sacerdote eterno, misericordia de nosotros!

Esta invocación está tomada de las Letanías a Cristo Sacerdote y Víctima… me parece que ilustran de manera particularmente rica y profunda el sacerdocio de Cristo y nuestra relación con el mismo. Están basadas en textos de la Sagrada Escritura, en particular la Carta a los Hebreos, pero no solamente. Por ejemplo, cuando recitamos: Jesús, Sacerdote eterno según el orden de Melquisedec, volvemos idealmente al Antiguo Testamento, al Salmo 110/109. Todos sabemos lo que significa para Cristo ser sacerdote según el orden de Melquisedec. Su Sacerdocio se expresó en el ofrecimiento de su propio cuerpo, “ hecho de una vez para siempre ” (Hb 10,10). Habiéndose ofrecido en sacrificio cruento en la cruz, Él mismo instituyó su “ memoria ” incruenta para todos los tiempos, bajo las especies de pan y vino. Y bajo estas especies Él encomendó este Sacrificio suyo a la Iglesia. Así pues, la Iglesia y en ella cada sacerdote celebra el único Sacrificio de Cristo.

Jesús,
Pontífice entresacado de los hombres
constituido a favor de los hombres
Pontífice de nuestra confesión
Jesús, Pontífice más alto que la gloria de Moisés
Pontífice del verdadero tabernáculo
Pontífice de los bienes futuros
santo, inocente y sin pecado
Pontífice fiel y misericordioso
divino y lleno de celo por las almas
Pontífice de eterna perfección
Pontífice que por tu sangre llegaste a los cielos

Mientras repetimos estas invocaciones, vemos con los ojos de la fe aquello de lo que habla la Carta a los Hebreos: Cristo que mediante la propia sangre entra en el eterno santuario. Como Sacerdote consagrado para siempre por el Padre Espíritu Santo y virtud, ahora se ha sentado “ a la diestra de la Majestad en las alturas ” (Hb 1,3). Y desde allí intercede por nosotros como Mediador —siempre vive para interceder por nosotros—, para trazarnos el camino de una vida nueva y eterna: Pontífice que iniciaste un camino nuevo. Él nos ama y derramó su sangre para limpiar nuestros pecados: Pontífice que nos amaste y nos lavaste de pecados con tu sangre. Se entregó a sí mismo por nosotros: te entregaste a ti mismo a Dios como oblación y hostia.
En efecto, Cristo introduce el sacrificio de sí mismo, que es el precio de nuestra redención, en el santuario eterno. La ofrenda, esto es, la víctima, es inseparable del sacerdote. Me han ayudado a comprender mejor todo esto precisamente las Letanías a Cristo Sacerdote y Víctima…

Texto completo de las letanías 

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