Leyendo a Santa Gertrudis

La obra “El heraldo del amor divino” de Santa Gertrudis, ya desde el objetivo se plantea relatar todo para acrecentar en el lector la unión con Dios, no para presentarnos a la santa en forma exaltada e irreal.

Esta obra no es principalmente una biografía de Gertrudis ni una crónica de sus visiones. El hecho de que se decida relatar ciertas visiones tiene sólo el papel de facilitar la comprensión de ciertas verdades: sino hoy, al menos en el siglo XIII esta era su función. Estas visiones, además, son frecuentemente moderadas por comentarios que nos indican la interpretación a la que llegó Gertrudis después de esa experiencia. De esta manera contemplamos con ella al Señor que continúa preocupándose por nuestra salvación. El libro hace honor a su nombre: es “Heraldo (mensajero) del amor divino” por sobre todas las cosas.

Un lector guiado sobre todo por el Espíritu, va colocando su corazón en Dios, no en Gertrudis; va teniendo experiencia del amor y ternura de Cristo, no imaginando que el Cielo es tal y como aparece en las visiones.

El libro tiene un carácter de instrucción, en cuanto quien lee, va pasando –con Gertrudis o con las personas por las que ruega- por diferentes situaciones que lo sensibilizan y lo llaman a dejarse moldear por la Gracia.

Además encontramos que los relatos se dan en marcos muy concretos: durante la lectura de la Sagrada Escritura, durante la recitación del Oficio y durante la Santa Misa. Esos son los disparadores de sus experiencias, su familiaridad con Dios fue creciendo en esos ámbitos ya antes que comenzaran sus visiones.

El cierto esfuerzo por comprender algunas imágenes, ciertas dudadas que le vienen, su enfermedad que le provoca a veces un sentimiento de incapacidad para servir a Dios, los largos años de su vida hasta la gracia de su conversión por los cuales no cesa de pedir perdón, algún que otro olvido en la regularidad monástica y otras cosas más, son también parte del contexto que hace más fuerte el apelo al lector al propio examen de vida.

Quien sinceramente busque en esta obra una guía para crecer espiritualmente, la encontrará. Quien busque sólo visiones para satisfacer su curiosidad, se quedará desilusionado, ya que en la mayoría de ellas no hay más que dos protagonistas: Cristo y Gertrudis, y de fondo sólo el interés por la salvación de la humanidad.

Este libro nos hace comprender mejor lo que implica nuestra fe, desde nuestro deber de orar por los difuntos y la comunión en que estamos con los santos, hasta el papel de María como nuestra abogada y el de Cristo como único y eterno Mediador entre nosotros y el Padre.

Así, este escrito nos conduce a aumentar nuestra fe en que somos miembros del Cuerpo de Cristo y ver la necesidad y el deber que tenemos de actuar como tales. No se trata de una experiencia alienante y que no compromete: el prójimo está siempre presente a quien tiene gran intimidad con Dios.

Leyendo a Santa Gertrudis

Marcelo Reynoso, scj

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