El Reino de Jesucristo

Pilatos le dice: Entonces ¿tu eres rey? Jesús respondió: Tú lo dices, soy rey. Nací y vine a este mundo para dar testimonio de la verdad. Los que aman la verdad escuchan mis palabras (Jn 18,37).

Resumen:

a) La realeza de Jesús es bien afirmada, pero es una realeza espiritual.
b) Señor, acéptame como verdadero discípulo y un súbdito dócil del reino de la verdad.

1- El reino de Jesucristo, su naturaleza

Jesús interrogado regularmente, responde y afirma su realeza; pero al mismo tiempo neutraliza la acusación de los Judíos al declarar que su realeza no es temporal y que no es opuesta a la de César: «Mi reino no es de este mundo», dice. No tiene un fin terrestre. Mi dominio es espiritual; se extiende sobre los espíritus y sobre los corazones. Tiene por objeto enseñar la verdad a los hombres. Extiende su imperio sobre las almas, no por la fuerza, sino por la persuasión, por la fe y por la caridad.
Se mi reino fuese de este mundo, habría llamado a mis discípulos para que me defendiesen, por el contrario, les impedí hacerlo.
Soy un rey desarmado, perseguido, impotente; pero reinaré aún así en los corazones. Los hombres amigos de la verdad vendrán a mi.
Tal es la realeza de Jesús. No se extenderá, como la de Mahomet, por la fuerza. Ganará los corazones por la caridad. «Cuando haya sido elevado de la tierra (por la cruz), había dicho Jesús, atraeré todo a mi».
Y yo, ¿soy verdaderamente del reino de Jesús? ¿Estoy poseído por su amor, por su cruz, por su Corazón?
¿Era así que había comprendido hasta el presente el reino de Jesús?
¿He contribuido a extenderlo por la caridad?

2- Los súbditos

  Tal como el reino mismo, también los súbditos no son de este mundo. Sus principios y su fin no son los de este mundo. No dan todos sus cuidados a los honras, a las riquezas, a los placeres. Tienen otro ideal. Su fin es el cielo y sus pensamientos son del cielo. Sus afectos, sus esperanzas no deben ser dirigidos hacia la tierra, sino hacia el cielo.
Para ser de este reino, es necesario amar la verdad. Es necesario escuchar su voz cuando ella se nos manifiesta a través de las lecciones de la razón, pero sobretodo a través de las enseñanzas del Evangelio, por la gracia divina, por la dirección que recibimos de nuestros superiores: Qui est ex veritate audit vocem meam.
Es un estado del alma en el cual es necesario meternos. Es necesario que seamos hijos de Dios y que vivamos de la vida de los hijos de Dios, vida toda de obediencia, de docilidad y de fidelidad.
La Verdad nos ha de enseñar a cumplir todos nuestros deberes cívicos, a dar a César lo que es de César, a amar nuestro prójimo, a asistirlo en sus necesidades. ¿En qué es que esto puede perturbar a los reyes de la tierra?
Para las almas mas generosas, la Verdad ha de pedirles amar el desapego del mundo, la pobreza voluntaria, la abnegación de la voluntad.
Ha de pedir les escuchar las dulces insinuaciones de la gracia, estar atentas a la presencia de Dios, estar unidas al Corazón de Jesús, para ofrecerle todas sus acciones en espíritu de amor e de reparación. Ha de inspirarles una gran dedicación para con el prójimo bajo todas las formas que pueda abrazar la misericordia espiritual y la misericordia temporal. ¿En qué es que esto puede perturbar la vida social?
Y yo, soy verdaderamente un súbdito fiel e dócil del reino de la Verdad? ¿Estoy dispuesto a seguir a mi rey generosamente y sin reserva?

3- Los enemigos

Los corazones llenos del espíritu del mundo nada tiene en común con el reino de la Verdad. No comprenden, no saborean esta verdad, cuyas enseñanzas son totalmente opuestas a sus visiones, a sus pasiones, a sus hábitos. Dicen como Pilatos: quid est veritas? ¿Qué es la verdad? No tienen por ella sino desprecio e indiferencia.
No están en condiciones para recibir las enseñanzas de la verdad ni para comprenderlos. Sería necesario para eso la humildad, el desapego de las codicias humanas, la victoria sobre las pasiones, la sumisión a Dios y a su voluntad. Sería necesaria todavía la paz del alma, la calma, la soledad, la reflexión sobretodo para entender las enseñanzas mas elevadas de la Verdad y sus consejos de perfección.
Y yo, ¿no tengo nada de común con estos enemigos de la Verdad? ¿Estoy en las disposiciones necesarias para recibirla, para entenderla, para seguirla?
¿No tengo por ella el desprecio de Pilatos, no tengo demasiada indiferencia y negligencia?
Cuantas veces dejé perder hasta aquí enseñanzas de la Verdad? Si lo viese claramente, comprendería que es para mi un desastre.
Todas las amenazas hachas por Nuestro Señor en el Apocalipsis a los obispos de Asia se aplican rigurosamente a mi.

Resolución

Aquel que es de la verdad escucha mi voz, dice Jesús. Quiero ser de la verdad. Quiero escuchar la voz de Nuestro Señor en la oración, en el recogimiento habitual, en la paz y en la pureza del alma.   Quiero ser un verdadero discípulo y súbdito del Sagrado Corazón. Señor, perdóname. Ayúdame.

Padre León Dehon, MSC-19/3

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