Hacia una comunidad de misericordiosos

El deseo de vivir el carisma de León Dehon será el centro del próximo Capítulo General en 2015. El pasado noviembre el comité preparatorio del Capítulo acuñó el lema “Misericordiosos en comunidad con los pobres” para invitarnos a entrar en el tema del Capítulo. El pasaje bíblico que inspiró su propuesta fue el himno cristológico de la carta a los Filipenses (2,5-11):

“Procuren tener los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jesús”.

El himno describe cómo la humillación de Jesús es el camino hacia su exaltación.

El abajamiento de Jesús se describe como la manera de Dios de habitar entre nosotros. Jesús vino para proclamar el reino de Dios, y nos mostró que la omnipotencia de Dios está con los pacificadores, los hambrientos, los pobres, los mansos, los sedientos, los perseguidos. El reino se puede traducir en estar con los pequeños -la semilla de mostaza en el mundo-, con cuidar al anciano, al enfermo, al herido. En los Evangelios uno puede ver claramente lo que quiere decir cuidar de las personas. En el Evangelio de Marcos Jesús muestra que el reino de Dios consiste en hacer el bien. Un tercio de este Evangelio son milagros. No son trucos mágicos ni una ruptura de la llamada ley natural, sino que son señales, actos de poder sobre el mal que aplasta a las personas, las aliena, domina y esclaviza tanto en su vida personal como en la social. Jesús nos mostró cómo reina Dios. En el cuidar a los otros él es el ejemplo, el maestro. Si deseamos ser sus discípulos, debemos cargar su cruz y seguirlo haciendo el bien a los otros.

El Capítulo resume esta actitud de Jesús con la palabra “misericordiosos”, como una manera de definir a quienes han asumido esta vía de la humildad de Jesús como un signo de la bondad de Dios y su reinado en el mundo. Éste es, como dice el lema, el modo en que nosotros dehonianos debemos vivir en comunidad, para ser una comunidad de misericordiosos, que ha experimentado en su propia vida el reino de Dios, el amor de Dios, cuyos miembros se saben débiles, frágiles, necesitados, pero que gracias al don del amor de Dios se sienten liberados para cuidar de los otros -en primer lugar de aquéllos que viven en la propia comunidad- para sanarles como Jesús sanaba. Y así la comunidad será una comunidad de misericordiosos, que se saben perdonados, en quienes el Señor ha puesto su mirada, como el Papa Francisco ha dicho de sí mismo.

Y como comunidad de pobres, nosotros deseamos estar, como León Dehon, con los pobres, los extranjeros, aquéllos que viven en la periferia de la Iglesia, aquéllos que raramente reciben atención y cuidado. Esto es parte del carisma de León Dehon que todos aquéllos que lo han comprendido desean vivir en nuestro tiempo. Dehon lo había aprendido de las Escrituras:

“no hay ningún otro atributo de Dios más glorificado en la Sagrada Escritura que su misericordia” (RSC 72).

Debemos ser, nos dice, como Jesús que no vino a buscar los justos, sino los caídos, los pecadores, la periferia. Allí aprenderemos “la sobreabundancia de la misericordia de su divino Corazón” (RSC 288).

P. José Ornelas Carvalho, Superior General SCJ
y su Consejo

(Extracto de la Carta por la fiesta del S. Corazón 2014)

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