La dirección espiritual (Padre Dehon)

La dirección espiritual por el Padre Dehon1

San Pablo, en el camino de Damasco, preguntó a Nuestro Señor qué tenía que hacer, y éste le respondió: Entra en la ciudad y allí te dirán lo que tienes que hacer (Hch. 9, 6); y encargó a Ananías la dirección del nuevo convertido.

Nuestro Señor no nos dirige solamente por sus inspiraciones, y aún menos por las visiones y revelaciones; quiere que recurramos a los sacerdotes. Ellos son el cauce necesario por donde Dios nos comunica sus luces y la dirección que debemos seguir.

Todos tienen necesidad de un consejero, de un director. Dios mismo nos dice que no nos apoyemos en nuestra prudencia, sino que tengamos una persona prudente para aconsejarnos en todos los asuntos importantes (cf. Pr. 3 y 4).

Todos los santos, por mucho que brillaran en los caminos del Señor, han sentido la necesidad de pedir la ayuda de un director. Si todos los santos han obrado así, si los más eminentes padres de la Iglesia han expresado su necesidad, ¿seríamos tan necios nosotros de no reconocer su importancia?

Elijan un consejero que los guíe en todos sus caminos, dice san Basilio2 . Por sabio que seas, afirma san Juan Crisóstomo, te hace falta un consejero, un director. Sólo Dios no necesita consejos 3. Quien a sí mismo se toma por guía, dice San Bernardo, se hace discípulo de un insensato4.

¿Es que somos más sabios que los doctores y que los santos? Relean lo que dice nuestro Directorio Espiritual acerca de la dirección:

La dirección se hace ordinariamente cada mes.

Es particularmente necesaria esta apertura de corazón:

  1. Respecto a las diversas tentaciones con las que el demonio trata de perdernos y en las que sólo la obediencia puede asegurarnos la victoria.

  2. Respecto a los defectos que hemos de corregir: la humildad en el descubrirlos y la docilidad en seguir las recomendaciones que se nos dan, son incomparablemente más útiles que toda habilidad personal.

  3. Finalmente, para adquirir las virtudes: sólo los consejos de los representantes de Dios nos pueden guiar con seguridad.

Fórmula que se puede seguir en la cuenta de conciencia:

  1. Si se vive contento con la vocación.

  2. Cómo se practica la obediencia, incluso la obediencia interior, la pobreza, la castidad.

  3. En qué punto se está respecto las virtudes propias de nuestra vocación.

  4. Si se tiene tentaciones graves o perturbaciones interiores, y cómo se resiste a ellas; a qué afectos y a qué pecados se siente mayormente inclinado.

  5. Si se ha formulado juicio o se ha hablado contra las disposiciones de los superiores.

  6. Si se tiene gusto en la oración y en la vida interior, y qué método de oración se sigue.

  7. Si en las ejercicios espirituales se experimenta devoción y consuelo, o más bien sequedad y divagaciones de espíritu; y cómo se comporta en tal caso.

  8. Qué fruto se saca de la sagrada comunión, de la confesión, del examen particular y de los demás ejercicios espirituales.

  9. Si desde la última cuenta de conciencia se ha hecho progresos; y qué disposición siente respecto a la perfección.

  10. Cómo se observan las normas del propio oficio.

  11. Disposiciones respecto a las penitencias y mortificaciones; si se está dispuesto a sufrir e incluso a desear las injurias y creces.

  12. Cómo se porta en las conversaciones, y si se saca algún fruto espiritual de ellas.

  13. Si se tiene familiaridad o aversión a alguien; qué aprecio se tiene de los superiores.

  14. Si se han descubierto sus tentaciones a su hermano, particularmente sobre la vocación.

No se asusten por la abundancia de detalles que se dan. La dirección no debe tener siempre esa amplitud. Ordinariamente es más sintética y más sencilla. Sobre este particular se entenderán con su director.

El director puede ser el mismo confesor. Puede ser otro; puede pertenecer a nuestra Congregación o a otra orden religiosa.

La dirección puede hacerse de viva voz o incluso por correspondencia. En cuanto a su frecuencia, entiéndanse con su director. Lo que importa es no omitirla.

1Cf. León Dehon, Directorio Espiritual de los Sacerdotes del Sagrado Corazón de Jesús, Pamplona 1947. IV Parte, nro 14 y Avisos, III.

2Serm. De abd. Rerum, cf. PG 32, 1363.1366

3 Hom. De ferendis reprhens. Et de mutat. Nominum III, PG 51, 133

4Ep. 87 ad Ogerium, PL 182, 215

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