Consejos importantes para una buena confesión

¿Cómo mejorar tus confesiones? ¿Cómo hacer que den mejores frutos en vos? Siguiendo estos sabios consejos:

1- Tené siempre un verdadero disgusto por los pecados confesados, por pequeños que sean, y hacé un firme propósito de corregirte en adelante.

Muchos confiesan los pecados veniales por costumbre y como por cumplimiento, sin pensar para nada en su reparación, por lo que andan durante toda su vida bajo el peso de los ellos y de esta manera pierden muchos bienes y muchas ventajas espirituales. Por ejemplo, si confesás que mentiste aunque sea sin dañar a nadie, o que dijiste alguna mala palabra, o que has juzgado demasiado, arrepentite y hacé el propósito de corregirte; porque es un abuso confesar un pecado mortal o venial sin querer purificarse de él, pues la confesión no ha sido instituida más que para esto último.

2-No hagas tan sólo ciertas declaraciones superficiales que muchos hacen por rutina: como, por ejemplo “no he amado a Dios como debía”; “no he rezado con la debida devoción”; “no he amado al prójimo como conviene”; “no he recibido los sacramentos con la reverencia que se requiere”, y otras cosas parecidas.

La razón es que porque diciendo esto, nada decís en concreto que pueda dar a conocer a tu confesor el estado de tu conciencia, pues todos los santos del cielo y todos los hombres de la tierra podrían decir lo mismo si se confesaran. Examiná, pues, de qué cosas en concreto te debés declarar culpable, y, cuando las descubras, declará las faltas cometidas, con sencillez y sinceridad.

Si te declarás culpable, por ejemplo, de que no amaste a tu prójimo como debías; ¿lo haces porque encontraste un pobre necesitado, al cual podías socorrer y consolar, y no le hiciste caso? Pues bien, declarate culpable de esta particularidad y decí: “vi a un pobre necesitado, y no lo ayude como podía por negligencia”, o “por dureza de corazón”, o “por menosprecio”, según conozcas cuál sea el motivo de tu pecado. Asimismo, – no te delcares culpable en general de no haberte encomendado a Dios con la devoción que debías; sino que, si tuviste distracciones voluntarias o no tuviste cuidado en elegir el lugar, el tiempo y la postura requerida para estar atento en la oración, declarate culpable simplemente de eso, según sea la falta, sin andar con vueltas que nada importan en la confesión.

3-No te limites a decir los pecados veniales en cuanto al hecho; antes mejor, acusate del motivo que te llevó a cometerlos.

Por ejemplo, no te conformes con decir que mentiste sin dañar a nadie; decí si lo hiciste para quedar bien, para excusarte o alabarte, en broma o por terquedad. Si pecaste en las diversiones, decí si fue porque te dejaste llevar por el placer o por lo que dijiste en una conversación, y así con otras cosas. Decí si te mantuviste mucho en la falta pues, generalmente, la duración acrecienta el pecado porque es grande la diferencia entre una vanidad pasajera que se cole en nuestro espíritu por quince minutos, y una que se apegue a nuestro corazón, por uno, dos o tres días.

Resumiendo, conviene decir el hecho, el motivo y la duración de los pecados, pues aunque ordinariamente no tenemos la obligación de ser tan meticulosos en la declaración de los pecados veniales, ni nadie está obligado a confesarlos, los que quieren purificar bien sus almas, deben de ser muy cuidadosos en dar a conocer al médico espiritual el mal, por pequeño que sea, del cual desean ser curados.

4-No dejes de decir nada de lo que sea conveniente para dar a conocer la calidad de la ofensa que cometiste, como, por ejemplo, el motivo por el cual te enojaste o por el cual permitiste que alguna persona siga en su vicio.

Por ejemplo, un hombre que me cae mal me dice en broma, una pavada; yo lo tomo a mal y me enojo; en cambio, si otro que me cae bien me dice algo peor, lo recibo bien. No me olvidaré, pues, de decir: “dije algunas palabras fuertes contra una persona, porque me enojé por una cosa que me dijo, pero no por sus palabras, sino porque me cae antipática”. Y si es necesario particularizar las frases que dijiste para explicarte mejor, harás bien en decirlas, porque acusándote sinceramente no sólo descubrís los pecados cometidos, sino también las malas tendencias, las costumbres, los hábitos y las demás raíces del pecado, con lo que el padre espiritual adquiere un conocimiento más perfecto de tu corazón y de los remedios que necesita. Conviene, sin embargo, en cuanto sea posible, no decir quién fue la persona que cooperó a tu pecado.

5-Vigilá esa infinidad de pecados que, con mucha frecuencia, viven y se adueñan de tu conciencia, insensibilizándola, porque así los vas a confesar mejor y te vas a purificar de ellos.

No cambies fácilmente de confesor, sino que, una vez que hayas elegido uno, seguí dándole cuentas de tu conciencia los días destinados a eso, confesándole sincera y francamente los pecados que hayas cometido, y de vez en cuando, por ejemplo cada mes, o cada dos meses, dale también cuentas del estado de tus tendencias, aunque no te hayan llevado a pecar, como por ejemplo, si te sentís atormentado por la tristeza o por el aburrimiento, o si te dejás dominar por la alegría o por los deseos de adquirir riquezas o por otras tendencias parecidas.

Adaptado de: Francisco de Sales, Introducción a la vida devota.

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