La dirección espiritual: qué es, para qué sirve, cómo comienzo

¿Qué es la dirección espiritual?

La dirección espiritual, en sentido cristiano, empezó con la labor personal de formación que Jesucristo ejercitó con los discípulos, enseñándoles, corrigiéndoles y animándoles, no sólo en grupo sino también uno por uno, en los momentos de confidencia personal (cfr. Mt 16,23; Lc 22,31; lo 21,16; etc.). Asimismo, es muy significativo el ejemplo de Saulo, que después de la conversión es enviado a Ananías para que sea éste el que le instruya y le indique cómo ha de servir a Jesucristo (cfr. Hech 9,6).

El objetivo de la dirección espiritual consiste principalmente en ayudarte a discernir los signos de la voluntad de Dios con la ayuda del consejo de alguien más experimentado en la vida espiritual: el director o consejero espiritual.

Podemos así definir la dirección espiritual como:

la apertura a un guía espiritual, suscitada por el deseo de ver claro en sí mismo y por la disponibilidad a dejarse aconsejar y orientar a fin de discernir correctamente la voluntad de Dios.

Las preguntas y la exposición confiada que hagas de tus propios problemas, se colocan en el contexto de la búsqueda de la voluntad de Dios. Sólo a la luz de Cristo vas a poder descifrar tus misterios por eso tu director te va a ayudar a entrar en la conciencia de vos mismo a la luz del Evangelio, y te va a guiar para que te apoyes cada vez más en la confianza en Dios. La dirección espiritual ilumina tu mente, ayuda a tu voluntad, te consuela en las dificultades.

El director o maestro espiritual es un instrumento en las manos de Dios, para ayudarte a descubrir lo que Dios quiere de vos en el momento presente. En la dirección espiritual podrás consultar a tu director sobre temas de moral o de práctica de las virtudes, y también comunicarle confidencialmente la situación que quieras aclarar.

La dirección espiritual nace de una gracia especial de Dios, por la cual el cristiano se siente inclinado en conciencia a dejarse instruir y guiar por otra persona. El director espiritual cumple una función de guía, reconocida y querida por el dirigido, que quiere ayudarse de este modo para salir de su propia voluntad y estar siempre en la de Dios.

«Los humildes, [son] los que de verdad desean el crecimiento espiritual… Ruega, pues, a Dios con toda tu alma para que te dé un guía que sea según su corazón… Pondrás en él una gran confianza, mezclada de una sagrada reverencia, de suerte que la reverencia no disminuya la confianza y que la confianza no estorbe la reverencia… Pídele a Dios [un guía], y habiéndole hallado, persevera con él, dando gracias a su divina Majestad, y no buscando otras novedades, sino irte siempre por el camino que tu guía te muestra, simple, humilde y confiadamente; y con esto harás un dichoso viaje» (San Francisco de Sales, Introducción a la vida devota, I p., cp.4).

¿Para qué sirve hacer dirección espiritual?

En tu vida cristiana se te van a presentar situaciones o momentos de ilusiones engañosas que pueden provenir de tu amor propio o de tu fantasía. Podés caer en desánimos, desconfianza, mediocridad o negligencia, en tibieza, ansia excesiva de hacerte apreciar, falsa humildad, soberbia, autosuficiencia, tristeza, envidia, confusión, odio, falsedad, desprecio de los demás, preferencias egoístas. Si a eso añadimos tu temperamento, tu cultura y tus cualidades naturales, es muy difícil, sin el consejo y acompañamiento espiritual, ponerle luz a esas situaciones.

El consejo espiritual te va a ayudar a conocer y a superar la tu propia fragilidad en el campo de tus decisiones, de tus recuerdos, de tus sentimientos y de tus condicionamientos. El director espiritual ayuda a tomar decisiones libres de motivos falsos, de apegos desordenados, de miedos, ambiciones o presiones indebidas del mundo.

En la dirección espiritual vemos a esa persona, puesta por el Señor, que conoce bien el camino, a quien abrimos el alma y hace de maestro, de médico, de amigo, de buen pastor en las cosas que a Dios se refieren. Nos señala los posibles obstáculos, nos sugiere metas más altas en la vida espiritual y puntos concretos para que luchemos con eficacia; nos anima siempre, ayuda a descubrir nuevos horizontes y despierta en el alma hambre y sed de Dios, que la tibieza, siempre al acecho, querría apagar. La Iglesia, desde los primeros siglos, recomendó siempre la práctica de la dirección espiritual personal como medio eficacísimo para progresar en la vida cristiana.

Es muy difícil que alguien pueda guiarse a sí mismo en la vida espiritual. Tantas veces el apasionamiento, la falta de objetividad con que nos vemos a nosotros mismos, el amor propio, la tendencia a dejarnos llevar por lo que más nos gusta, por aquello que nos resulta más fácil…, van difuminando el camino que lleva a Dios (¡tan claro quizá al principio!), y cuando no hay claridad viene el estancamiento, el desánimo y la tibieza.

Todas las edades pueden recurrir a un director o padre espiritual, pero es quizá sobre todo en la adolescencia donde se revela particularmente la urgencia de un guía espiritual. El acompañamiento te ayuda a ir respondiendo a tus preguntas sobre tu identidad humana y cristiana (¿quién soy yo?), tus relaciones con los demás, y tu misión en la vida. En la dirección espiritual vas a ir aprendiendo a dar y a darte. A escuchar, a estar con los demás, a comprender, a acompañar, a dialogar, a cooperar, a entablar amistades sinceras. Vas a ir aprendiendo a pensar, valorar y amar como Cristo.

¡Qué alegría cuando podemos comunicar lo más profundo de nuestros sentimientos, para orientarlos al Señor, a alguien que nos comprende, nos anima, nos abre horizontes nuevos, reza por nosotros y tiene una gracia especial para ayudarnos!

¿De qué puedo hablar con mi director espiritual?

En la dirección espiritual con apertura, sinceridad, autenticidad y coherencia, podés contar lo que está en tu conciencia y la situación en la que te encontrás respecto al proyecto de vida que hiciste. Podés pedir consejo sobre las virtudes humanas y cristianas que querés desarrollar, sobre los defectos que querés corregir, sobre tu vocación, sobre tu oración, sobre la vida en tu familia, sobre la vida con tus amigos y en tu trabajo, y en tu grupo o comunidad cristiana. La actitud de fondo es la de quien pregunta cómo agradar a Dios y ser más fiel a su voluntad.

Tu director espiritual te va a ayudar a elegir y a decidir libre y responsablemente ante Dios lo que debés hacer, con madurez cristiana. Según la conocida imagen de Olier, el director espiritual es como la estrella de los Magos, que indica el camino, pero no ahorra el esfuerzo necesario para recorrerlo; o también como S. Juan Bautista, que señala a sus discípulos a quién deben seguir. Otra imagen clásica para expresar esta idea es la del faro: su luz, indica el puerto, pero para alcanzarlo los navegantes deben hacer fuerza con los remos, o aprovechar los vientos con las velas, y sostener el timón.

En otras palabras, la dirección espiritual no suprime sino que exige y fomenta tu responsabilidad personal. La docilidad en la dirección espiritual es una disposición que lleva a descubrir en tu conciencia personal la llamada de Dios; pero es tu conciencia la que tiene la última palabra, y recibiendo la dirección espiritual no descargas tu responsabilidad en la conciencia del director. Por todo eso, se suele decir que la autoridad del director espiritual es la autoridad de un maestro, no la de un superior al que se deba obediencia.

Tu director espiritual te ayudará a tener algunos propósitos o un proyecto de vida que incluya tu relación con Dios (oración litúrgica y personal), tu relación fraterna, tu familia, tu trabajo, tus amistades, tus virtudes, tus deberes personales, tu pastoral, y los instrumentos de espiritualidad. En tu proyecto van a quedar reflejados tus aspiraciones, tus dificultades, tu deseo de darte más a Dios.

La dirección espiritual, no puede ser esporádica o discontinua, pues sigue paso a paso las subidas y las bajadas de nuestro esfuerzo. Tené constancia también cuando tengas más dificultades: por disponer de menos tiempo por un exceso de trabajo, de exámenes… Dios premia ese esfuerzo con nuevas luces y gracias. Otras veces las dificultades son internas: pereza, soberbia, desánimo porque van mal las cosas, porque no se llevó a cabo nada de lo que se había previsto. Es entonces cuando más necesitás de esa charla fraterna de la que salimos siempre más esperanzados y alegres, y con nuevo impulso para seguir luchando.

Además de la constancia, la sinceridad es imprescindible; comenzá siempre por decir lo más importante, que quizá coincida con aquello que más te cuesta decir; esto es decisivo al principio y para seguir. Los frutos se pueden retrasar por no haber dado desde los inicios una clara imagen de lo que realmente te pasa, de cómo sos en realidad, o por haberte detenido en cosas puramente accidentales, de adorno, sin llegar al fondo. Sinceridad sin disimulos, exageraciones o medias verdades: en lo concreto, en el detalle, con delicadeza, cuando sea preciso, llamando por su nombre a tus errores y equivocaciones, a tus defectos del carácter, sin querer enmascararlos con falsas justificaciones o tópicos del momento: ¿por qué?, ¿cómo?, ¿cuándo?…, circunstancias que hacen más personal, con más relieve, el estado del alma.

En el camino de la vida espiritual no se fíen de ustedes mismos, sino que, con sencillez y docilidad, pidan consejo y acepten la ayuda de quien, con sabia moderación, puede guiar sus alma, indicarles los peligros, sugerirles los remedios oportunos, y en todas las dificultades internas y externas les puede dirigir rectamente y encaminarlos […]. (Papa Pío XII, Exhortación apostólica Menti nostrae, 27).

El camino espiritual del que se deja dirigir queda expresado muy bien en la siguiente

Oración de San Agustín

Señor Jesús,
que me conozca a mi y que te conozca a Ti,
que no desee otra cosa sino a Ti,
que me odie a mí y te ame a Ti
y que todo lo haga siempre por Ti,
que me humille y que te exalte a Ti,
que no piense nada más que en Ti,
que me mortifique, para vivir en Ti
y que acepte todo como venido de Ti,
que renuncie a lo mío y te siga sólo a Ti,
que siempre escoja seguirte a Ti,
que huya de mí y me refugie en Ti,
y que merezca ser protegido por Ti,
que me tema a mí y tema ofenderte a Ti,
que sea contado entre los elegidos por Ti,
que desconfíe de mí y ponga toda mi confianza en Ti
y que obedezca a otros por amor a Ti,
que a nada dé importancia sino tan sólo a Ti,
que quiera ser pobre por amor a Ti.
Mírame, para que sólo te ame a Ti,
llámame, para que sólo te busque a Ti
y concédeme la gracia de gozar para siempre de Ti.
Amén.

Preparado por DehonAR en base a:

http://www.clerus.org/clerus/dati/2011-08/02-6/sussidio_per_confessori_es.html

http://meditacion-diaria.blogspot.com.ar/2010/08/docilidad-en-la-direccion-espiritual.html

http://www.gratisdate.org/nuevas/caminos/caminos.ch7.htm

http://www.mercaba.org/Rialp/D/direccion_espiritual_estudio_general.htm

http://www.mercaba.org/DicES/P/padre_espiritual.htm

http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/ccscrlife/documents/rc_con_ccscrlife_doc_02021990_directives-on-formation_sp.html

http://w2.vatican.va/content/benedict-xvi/es/speeches/2011/may/documents/hf_ben-xvi_spe_20110519_teresianum.html

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