Las 5 obras de misericordia sociales

Veamos algunas de las obras de misericordia sociales (las obras de misericordia en relación con los principios de la Doctrina Social de la Iglesia), dando una mirada a las meditaciones del Padre León Dehon en su obra “El Año con el Sagrado Corazón” (ASC).

1. Proteger las familias pobres

En comentario a Mt 2,14:

En la medida de mi vocación, elegí la pobreza, el trabajo, el sacrificio, como el Corazón de Jesús los eligió. Predicaré, por el ejemplo y por la palabra, el desapego, el amor de los pobres, el cuidado por la justicia social y privada. ¿Qué acto de caridad haré hoy en recuerdo de las privaciones de la Sagrada Familia en Egipto? -ASC 6/2

2. Cumplir los deberes hacia la sociedad

En comentario a Jn 18,37:
“La Verdad nos ha de enseñar a cumplir nuestros deberes cívicos, a dar a César lo que es de César, a amar a nuestro prójimo, a asistirlo en sus necesidades. ¿En que es qué esto puede perturbar a los reyes de la tierra?
A las almas más generosas, la Verdad ha de pedirles amar el desapego del mundo, la pobreza voluntaria, la abnegación de la voluntad.
Ha de pedirles que escuchen las dulces insinuaciones de la gracia, que estén atentas a la presencia de Dios, que estén unidas al Corazón de Jesús, que le ofrezcan todas sus acciones en espíritu de amor y de reparación. Ha de inspirarles una gran dedicación para con el prójimo bajo todas las formas que pueda abrazar la misericordia espiritual y la misericordia temporal. ¿En que es que esto puede perturbar la vida social?” -ASC 23/3

En comentario a Jn 19,11-16:

¿Cuáles son los objetos de nuestro celo? La gloria de Dios y su culto, el honor de los santos, la reparación de los ultrajes hechos a Nuestro Señor, la conversión de los pecadores, la educación de la infancia, la vida social cristiana, el alivio de los infelices, la liberación de las almas del purgatorio. ¡Qué campo inmenso! Es necesario meternos en la obra con método y siguiendo los deberes de nuestra vocación. -ASC /Julio

3. Proteger la dignidad humana

En comentario a Hech 10,37-42:
“Preguntan muchas veces se el Evangelio contiene una moral social. El evangelio no es un catecismo didáctico, pero traza las grandes reglas de la moral, tanto social como privada. El decálogo es la base de todas las legislaciones humanas y de todas las relaciones sociales. Todo el malestar social actual viene de alguna violación del decálogo: el trabajo servil en el domingo, el desprecio de las reglas de respeto y de la justicia en la organización industrial o en el contrato de trabajo, etc.
Nuestro Señor confirmó el decálogo, pidió insistentemente que fuese respetado. Para endulzar las ruedas de la justicia, agregó el bálsamo de la caridad, de la dulzura, del sacrificio, que son las virtudes caras a su Corazón. Los que juzgan poder hacer olvidar su poco cuidado por la justicia distribuyendo algunas limosnas no comprenden nada del evangelio.” -ASC 1/7

4. Orar por las autoridades

En comentario a Mt 22,17-21:

Señor, restablece en nuestro tiempo la justa noción de autoridad, No te pedimos suficiente por nuestros jefes. Dales el espíritu de justicia y de conciencia de todos sus deberes. Retoma tu reino en nuestras leyes.
Perdónanos nuestra apostasía social. ¡Te debíamos tantos favores, tantas bendiciones! ¡Venga tu reino! Vuelve a nosotros y retoma tu imperio sobre nuestra vida nacional. -ASC 21/7

5. Dar trabajo digno

En comentario a Mc 6,2-3:
“Nuestro Señor nos da sucintamente el código del trabajo y del uso de los bienes terrestres en las parábolas del ecónomo infiel y del mal rico (Lc 16). Los apóstoles comentan estas reglas. San Pedro da un código social, en su primera epístola, capítulo segundo. Donde se habla de los derechos y de los deberes de los príncipes, de la libertad cívica, de la fraternidad, de la familia, del trabajo, de los deberes de los señores y de los siervos.
San Pablo hace lo mismo en sus epístolas: la los Efesios, capítulo 6; a los Colosenses, capítulo 3; a Tito, capítulo 2.
El ecónomo infiel del que habla Nuestro Señor es el señor o el rico, que dispone de los bienes de que es administrador como se tuviese de ellos el pleno dominio. He aquí el gran principio que regula el uso de la riqueza, es que los bienes de la tierra no son dados por Dios en plena propiedad, sino administración. Son bienes ajenos, nos dice Nuestro Señor, como propios tenemos apenas nuestros actos de conciencia: y si en lo ajeno no fueron fieles, ¿que será cuando se les de lo que es suyo? (Lc 16, 12). Daremos cuentas del uso de estos bienes. Es necesario practicar la justicia, la equidad, la caridad.
Señores, dice San Pablo, no son independientes, tienen un Señor supremo en el cielo: observen con sus trabajadores la justicia y la equidad: la justicia estricta y colateral, la observancia de los contratos; y también la equidad, la justicia distributiva, esto es: tengan en cuenta todos los derechos de sus trabajadores, para el salario conveniente, para la higiene, para la libertad religiosa, para la dignidad humana (Col 4,1).
El buen Maestro se levanta, además, contra los ricos y contra los señores egoístas, que no usan sus bienes sino para satisfacer su sed de posesión. Pronuncia el anatema contra ellos (Lc 6,24).
Los apóstoles le hacen eco. Santiago es severo contra ellos: El salario que sacaste a los trabajadores grita contra ustedes, les dice. Condenaron y mataron al inocente, y no los resistió. En cuanto a ustedes, hermanos, perseveren en la paciencia hasta la venida del Señor (St 5,1). -ASC 23/7

dehon trabajo digno

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