Padre Dehon: Catequesis para el mes del Rosario

Octubre: EL MES DEL SANTO ROSARIO

1. El Rosario instruye

– El Rosario es un resumen del evangelio. Nos recuerda todos los misterios de la vida, de la pasión y de la resurrección de Nuestro Señor. El Rosario está al alcance de todas las inteligencias. A las personas simples, les recuerda sumariamente el evangelio y esto les basta. Confirmó y fortaleció la fe del pueblo en el tiempo de los albigenses. Es el libro de aquellos que no saben leer.

Pero para las personas instruidas, es como el maná, que tenía siempre un sabor nuevo y delicado. ¡Los misterios del Rosario tienen tantos aspectos variados! Recuerdan de tantas maneras las bondades de Nuestro Señor, sus virtudes, sus ejemplos, sus beneficios! Podemos meditarlo un día desde un punto de vista y en otro de otro. Los amigos del Sagrado Corazón pueden contemplar en él todos los sentimientos del Corazón de María y del Corazón de Jesús.

María, asistiendo a los misterios de la vida de su divino Hijo, conservaba estos misterios en su corazón para meditar en ellos el evangelio. Busquemos en cada misterio cuales debían ser los sentimientos del Corazón de María y del Corazón de Jesús. Es el consejo de San Pablo: «Formen en sus corazones, decía, los sentimientos de Cristo Jesús”.

2. El Rosario santifica

– Que maravillosa escuela de santificación! El Rosario nos coloca todos los días delante de los ojos el abismo de las virtudes de Nuestro Señor.

En la primera corona, es sobre todo la humildad, la dulzura, la obediencia. Nuestro Señor repite para nosotros como a sus discípulos: «Aprendan de mi que soy dulce y humilde de corazón».

¡Qué humildad en la Encarnación, en la cual el Hijo de Dios se hace esclavo, para liberarnos de la esclavitud del pecado! Es necesario penetrar hasta el Corazón de Jesús para comprender este abismo de humildad.

Y lo mismo se da en el misterio de Belén, donde todo es pobre y vil: el establo, la cuna, los pañales.

En Nazaret, es un abismo de dulzura y de obediencia: Jesús era sumiso a María y a José, y encantaba con a su dulzura y con a su sabiduría a todos los que lo veían, aún a los rabinos del Templo. Crecía en gracia y en sabiduría delante de Dios y delante de los hombres.

En los misterios de su Pasión, desde la agonía hasta el Calvario, Nuestro Señor nos enseña la paciencia, el abandono a Dios, la reparación, el sacrificio. «Nos amo y se entregó por nosotros. – Tomó sobre sí nuestras iniquidades. – Por nuestro amor y por nuestra salvación, se volvió obediente hasta la muerte de cruz. Es un abismo de amor, de dedicación, de sacrificio.

En los misterios de su resurrección, confirma nuestra fe y nuestra confianza. Derrama en nuestros corazones el espirito de amor. Nos da a María como abogada y como protectora para nuestra perseverancia.

El Rosario resume toda la predicación del Evangelio. Nos santifica por sus enseñanzas así como por las gracias que nos obtiene.

3. El Rosario, fuente de gracias

– Esta oración es soberanamente poderosa sobre el Corazón de Jesús. ¿Cómo sería de otro modo?… ¿Cómo es que Jesús y María resistirían a esta súplica, que se apoya sobre todos los méritos de la Redención? El Rosario tiene un poder sin límites sobre los Corazones de Jesús e de María.

Recitemos el Rosario, particularmente en este bello mes de Octubre. Toda la Iglesia lo recita con nosotros. Nuestro Señor ha de escucharnos. Fue Él que dijo: «Allá donde dos o tres estén unidos en mi nombre, ahí estaré con ellos» (Mt 18, 29). En el Cenáculo, los apóstoles y los discípulos rezaban con María, y obtuvieron el milagro de Pentecostés. Recemos con María, y obtendremos grandes gracias.

– Es un mes de gracias que se nos abre, si somos fieles a la oración del Rosario. Será necesario decirlo y decirlo bien. La oración precipitada, distraída, negligente, es una herida y un desprecio para Nuestro Señor. Los profetas dijeron muchas veces a los Israelitas que sus oraciones y sus sacrificios no serían atendidos, porque sus corazones no estaban bien dispuestos.

-Padre León Dehon, ASC-10, 21-27

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