No renunciar al ideal (Francisco)

Así como la organicidad entre las virtudes impide excluir alguna de ellas del ideal cristiano, ninguna verdad es negada. No hay que mutilar la integralidad del mensaje del Evangelio. Es más, cada verdad se comprende mejor si se la pone en relación con la armoniosa totalidad del mensaje cristiano, y en ese contexto todas las verdades tienen su importancia y se iluminan unas a otras. (Papa Francisco, Evangelii Gaudium 39)

Para evitar cualquier interpretación desviada, recuerdo que de ninguna manera la Iglesia debe renunciar a proponer el ideal pleno del matrimonio, el proyecto de Dios en toda su grandeza:

«Es preciso alentar a los jóvenes bautizados a no dudar ante la riqueza que el sacramento del matrimonio procura a sus proyectos de amor, con la fuerza del sostén que reciben de la gracia de Cristo y de la posibilidad de participar plenamente en la vida de la Iglesia».

La tibieza, cualquier forma de relativismo, o un excesivo respeto a la hora de proponerlo, serían una falta de fidelidad al Evangelio y también una falta de amor de la Iglesia hacia los mismos jóvenes. Comprender las situaciones excepcionales nunca implica ocultar la luz del ideal más pleno ni proponer menos que lo que Jesús ofrece al ser humano. (Papa Francisco, Amoris Laetitia 307)

En el lenguaje corriente, el término “ideal” se entiende frecuentemente como opuesto a “real”, como algo a lo que se aspira, pero en el ámbito del pensamiento, es decir, de las “ideas”, a veces sin un fundamento concreto en la realidad. Por el contrario, en el cristianismo, el ideal es un objetivo infinitamente grande, inmensamente bello y verdadero, sumamente justo, una meta a la que se dirige nuestro corazón con todas sus fuerzas, sin saciar jamás su deseo; pero, al mismo tiempo, es algo que ya poseemos, más aún, algo que nos posee, y que corresponde a nuestro ser y a sus expectativas, confiriendo un fundamento de sólido realismo a nuestra esperanza de infinito (Papa Juan Pablo II, 2 de agosto de 2000).

Algunos niegan que pueda existir un ideal absoluto. En otras palabras, afirman que el ideal es un concepto relativo, que significa algo sólo para una persona o cosa determinada. Esta diferencia de opinión es causada en gran medida por los diferentes criterios utilizados para distinguir elementos esenciales de lo accidental. En realidad, a pesar de la afirmación de la relatividad, el ideal siempre se encontrará en algo absoluto, que se verifica en todos los casos, aunque en medio de múltiples y diversos elementos secundarios, exigidos por su relación con un caso definido. (*)

Es necesario que el ideal cristiano no se reduzca a sueño, ideología o utopía, sino que en los creyentes llegue a ser cada vez más anuncio, testimonio y vida. Nos guía y nos ilumina en esto el ejemplo de los santos, que en Cristo encontraron la luz y el apoyo diario para su camino y su compromiso al servicio del reino de Dios. (Papa Juan Pablo II, idem)

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