Novena al Corazón Inmaculado de Fátima

PRIMER DÍA

Guía:

Si la Iglesia aceptó el mensaje de Fátima, es sobretodo porque este mensaje contiene una verdad y un llamado que, en su contenido fundamental, son la verdad y el llamado del propio Evangelio. “Conviértanse (hagan penitencia), y crean en la Buena Nueva” (Mc 1,15): son estas las primeras palabras del Mesías dirigidas a la humanidad. Y el mensaje de Fátima, en su núcleo fundamental, es el llamado a la conversión y a la penitencia, como en el Evangelio.

El llamado a la penitencia es un llamado maternal; y, al mismo tiempo, es enérgico y hecho con decisión. La caridad que “se congratula con la verdad” (1Cor 13, 6) sabe ser clara y firme.

Oración:

Salve Reina, Bienaventurada Virgen de Fátima, Señora del Corazón Inmaculado, refugio y camino que conduce a Dios.

Desde lo más profundo de tu ser, desde tu Inmaculado Corazón, mira los gozos del ser humano cuando peregrina hacia la Patria Celeste.

Desde lo más profundo de tu ser, desde tu Inmaculado Corazón, mira los dolores de la familia humana que gime y llora en este valle de lágrimas.

Desde lo más íntimo de tu ser, desde tu Inmaculado Corazón, adórnanos con el fulgor de las joyas de tu corona y haznos peregrinos como tú fuiste peregrina.

Unidos a nuestros hermanos, en la Fe, la Esperanza y el Amor, nos entregamos a Ti. Amén.

Padre nuestro. Dios te salve, María.

SEGUNDO DÍA

Guía:

Cuando Jesús dijo de lo alto de la Cruz: “Mujer, he ahí tu hijo” (Jn 19, 26), abrió, de manera nueva, el Corazón de Su Madre, el corazón Inmaculado, y le revelo la nueva dimensión del amor y el nuevo alcance del amor al que Ella fuera llamada, en el Espíritu Santo, en virtud del sacrificio de la Cruz.

En las palabras del mensaje de Fátima nos parece encontrar precisamente esta dimensión del amor materno, el cual con su amplitud, abarca todos los caminos del hombre en dirección a Dios: tanto aquellos que siguen sobre la tierra, como aquellos que, a través del Purgatorio, llevan más allá de la tierra.

La solicitud de la Madre del Salvador, se identifica con la solicitud por la obra de la salvación: la obra de su Hijo. Es solicitud por la salvación, por la eterna salvación de todos los hombres.

A la luz del amor materno, comprendemos todo el mensaje de Nuestra Señora de Fátima.

Oración:

Si, verdaderamente podemos repetir: “¡Bendita seas Tú, por el Dios altísimo, más que todas las mujeres sobre la Tierra! ¡Procediendo con rectitud, en la presencia de nuestro Dios, aliviaste nuestro abatimiento. Verdaderamente, Bendita eres Tú!

¡Si, aquí y en toda la Iglesia, en el corazón de cada uno de los hombres y en el mundo entero: bendita seas oh María, nuestra Madre dulcísima!

Unidos a nuestros hermanos, por ti, nos consagramos a Dios, Oh Virgen del Rosario de Fátima. Y cuando al final nos veamos envueltos por la Luz que nos viene de tus manos, daremos gloria al Señor por los siglos de los siglos. Amén.

Padre nuestro. Dios te salve, María.

TERCER DÍA

Guía:

Apariciones y signos sobrenaturales salpican la historia, entran en el corazón de los acontecimientos humanos y acompañan el camino del mundo, sorprendiendo a creyentes y no creyentes.

Estas manifestaciones, que no pueden contradecir el contenido de la fe, deben confluir hacia el objeto central del anuncio de Cristo: el amor del Padre que suscita en los hombres la conversión y da la gracia para abandonarse a Él con devoción filial.

Éste es también el mensaje de Fátima que, con un angustioso llamamiento a la conversión y a la penitencia, impulsa en realidad hacia el corazón del Evangelio.

Oración:

Madre de los hombres y de los pueblos, Tú conoces todos sus sufrimientos y sus esperanzas, Tú sientes maternalmente todas las luchas entre el bien y el mal, entre la luz y las tinieblas que sacuden al mundo, acoge nuestro grito dirigido en el Espíritu Santo directamente a tu Corazón y abraza con el amor de la Madre y de la Esclava del Señor a los que más esperan este abrazo, y, al mismo tiempo, a aquellos cuya entrega Tú esperas de modo especial.

Toma bajo tu protección materna a toda la familia humana a la que, con todo afecto a ti, Madre, confiamos.

Que se acerque para todos el tiempo de la paz y de la libertad, el tiempo de la verdad, de la justicia y de la esperanza. Amén.

Padre nuestro. Dios te salve, María.

CUARTO DÍA

Guía:

La devoción al Corazón Inmaculado de María.

«Corazón» significa en el lenguaje de la Biblia el centro de la existencia humana, la confluencia de razón, voluntad, temperamento y sensibilidad, en la cual la persona encuentra su unidad y su orientación interior.

El «corazón inmaculado» es, según Mt 5,8, un corazón que a partir de Dios ha alcanzado una perfecta unidad interior y, por lo tanto, «ve a Dios».

La «devoción» al Corazón Inmaculado de María es, pues, un acercarse a esta actitud del corazón, en la cual el «fiat» —hágase tu voluntad— se convierte en el centro animador de toda la existencia.

Si alguno objetara que no debemos interponer un ser humano entre nosotros y Cristo, se le debería recordar que Pablo no tiene reparo en decir a sus comunidades: imítenme (1 Co 4, 16; Flp 3,17; 1 Ts 1,6; 2 Ts 3,7.9). En el Apóstol pueden constatar concretamente lo que significa seguir a Cristo.

¿De quién podremos nosotros aprender mejor en cualquier tiempo si no de la Madre del Señor?

Oración:

Oh Madre de los hombres y de los pueblos, Tú que conoces todos sus sufrimientos y esperanzas, tú que sientes maternalmente todas las luchas entre el bien y el mal, entre la luz y las tinieblas que invaden el mundo contemporáneo, acoge nuestro grito que, movidos por el Espíritu Santo, elevamos directamente a tu corazón: abraza con amor de Madre y de Sierva del Señor a este mundo humano nuestro, que te confiamos y consagramos, llenos de inquietud por la suerte terrena y eterna de los hombres y de los pueblos.

De modo especial confiamos y consagramos a aquellos hombres y aquellas naciones, que tienen necesidad particular de esta entrega y de esta consagración.

¡“Nos acogemos a tu protección, Santa Madre de Dios”!

¡No deseches las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades!. Amén.

Padre nuestro. Dios te salve, María.

QUINTO DÍA

Guía:

El Corazón Inmaculado de María abierto por las palabras –“Mujer, he aquí a tu Hijo”– se encuentra espiritualmente con el Corazón del Hijo traspasado por la lanza del soldado.

El Corazón de María fue abierto por el mismo amor para con el hombre y para con el mundo con que Cristo amó al hombre y al mundo, ofreciéndose a sí mismo por ellos, sobre la Cruz, hasta aquel golpe de la lanza del soldado.

Consagrar el mundo al Corazón Inmaculado de María significa aproximarnos, mediante la intercesión de la Madre, a la propria Fuente de la Vida, nacida en el Gólgota. Este Manantial brota ininterrumpidamente, surgiendo de él la redención y la gracia. En el se realiza continuamente la reparación por los pecados del mundo. Tal Manantial es sin cesar Fuente de vida nueva y de santidad.

Consagrar el mundo al Inmaculado Corazón de la Madre significa volver de nuevo junto a la Cruz del Hijo. Pero quiere decir, todavía: consagrar este mundo al Corazón traspasado del Salvador, reconduciéndolo a la propria fuente de la Redención.

Oración:

He aquí que, encontrándonos hoy ante ti, Madre de Cristo, ante tu Corazón Inmaculado, deseamos, junto con toda la Iglesia, unirnos a la consagración que, por amor nuestro, tu Hijo hizo de sí mismo al Padre cuando dijo: “Yo por ellos me santifico, para que ellos sean santificados en la verdad” (Jn 17, 19).

Queremos unirnos a nuestro Redentor en esta consagración por el mundo y por los hombres, la cual, en su Corazón divino tiene el poder de conseguir el perdón y de procurar la reparación.

Bendita seas por encima de todas las creaturas, tú, Sierva del Señor, que de la manera más plena obedeciste a la llamada divina.

Te saludamos a ti, que estás totalmente unida a la consagración redentora de tu Hijo. Amén.

Padre nuestro. Dios te salve, María.

SEXTO DÍA

Guía:

«Mi Corazón Inmaculado triunfará».

¿Qué quiere decir esto? Que el corazón abierto a Dios, purificado por la contemplación de Dios, es más fuerte que los fusiles y que cualquier tipo de arma.

El «fiat» de María, la palabra de su corazón, ha cambiado la historia del mundo, porque ella ha introducido en el mundo al Salvador, porque gracias a este «sí» Dios pudo hacerse hombre en nuestro mundo y así permanece ahora y para siempre.

Oración:

¡Corazón Inmaculado! Ayúdanos a vencer la amenaza del mal, que tan fácilmente se arraiga en los corazones de los hombres de hoy y que con sus efectos inconmensurables pesa ya sobre la vida presente y da la impresión de cerrar el camino hacia el futuro.

¡Del hambre y de la guerra, líbranos!

¡De la guerra nuclear, de una autodestrucción incalculable y de todo tipo de guerra, líbranos!

¡De los pecados contra la vida del hombre desde su primer instante, líbranos!

¡Del odio y del envilecimiento de la dignidad de los hijos de Dios, líbranos!

¡De toda clase de injusticias en la vida social, nacional e internacional, líbranos!

¡De la facilidad de pisotear los mandamientos de Dios, líbranos!

¡De la tentativa de ofuscar en los corazones humanos la verdad misma de Dios, líbranos!

¡De la pérdida de conciencia del bien y del mal, líbranos!

¡De los pecados contra el Espíritu Santo, líbranos!, ¡líbranos!

Padre nuestro. Dios te salve, María.

SÉPTIMO DÍA

Guía:

El maligno tiene poder en este mundo, lo vemos y lo experimentamos continuamente; él tiene poder porque nuestra libertad se deja alejar continuamente de Dios.

Pero desde que Dios mismo tiene un corazón humano y de ese modo ha dirigido la libertad del hombre hacia el bien, hacia Él, la libertad hacia el mal ya no tiene la última palabra.

Desde aquel momento cobran todo su valor las palabras de Jesús: «padecerán tribulaciones en el mundo, pero tengan confianza; yo he vencido al mundo» (Jn 16,33).

El mensaje de Fátima nos invita a confiar en esta promesa.

Oración:

Acoge, oh Madre de Cristo, este grito lleno de sufrimiento de todos los hombres. Lleno del sufrimiento de sociedades enteras.

Ayúdanos con el poder del Espíritu Santo a vencer todo pecado, el pecado del hombre y el «pecado del mundo», el pecado en todas sus manifestaciones.

Aparezca, una vez más, en la historia del mundo el infinito poder salvador de la Redención: poder del Amor misericordioso. Que éste detenga el mal. Que transforme las conciencias.

Que en tu Corazón Inmaculado se abra a todos la luz de la Esperanza. Amén.

Padre nuestro. Dios te salve, María.

OCTAVO DÍA

Guía:

Porque Dios amó de tal modo al mundo que le dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él crea, no perezca, sino que tenga la vida eterna” (Jn 3, 16).

Precisamente este amor hizo que el Hijo de Dios se haya consagrado a sí mismo: “Yo me consagro por ellos, para ellos sean también consagrados en la verdad” (Jn 17, 19).

En virtud de esta consagración, los discípulos de todos los tiempos son llamados a empeñarse por la salvación del mundo, a unir alguna cosa a los sufrimientos de Cristo en beneficio de Su Cuerpo, que es la Iglesia (Cfr. 2Cor. 12, 15; Col 1, 24).

La Madre de Cristo nos llama y nos exhorta a unirnos a la Iglesia del Dios vivo, en esta consagración del mundo, en este acto de entrega mediante el cual el mismo mundo, la humanidad, las naciones y todos y cada uno de los hombre son ofrecidos al Eterno Padre, envueltos con la virtud de la Redención de Cristo. Son ofrecidos en el Corazón del Redentor traspasado en la Cruz.

Oración:

Delante de de Ti, Madre de Cristo, delante de Tu Corazón Inmaculado, deseamos, hoy, juntamente con toda la Iglesia, unirnos con nuestro Redentor en esta consagración suya por el mundo y por los hombres, la cual sólo en su Corazón divino tiene el poder de alcanzar el perdón y de conseguir la reparación.

Madre de la Iglesia: ilumina al Pueblo de Dios en los caminos de la fe, de la esperanza y de la caridad. Ilumina especialmente a los pueblos de los que tú esperas nuestra consagración y nuestro ofrecimiento.

Ayúdanos a vivir en la verdad de la consagración de Cristo por toda la familia humana del mundo actual. Amén.

Padre nuestro. Dios te salve, María.

NOVENO DÍA

Guía:

¡Qué mal nos hace todo aquello que en la Iglesia y en cada uno de nosotros se opone a la santidad y a la consagración!

¡Qué mal nos hace que el llamado a la penitencia, a la conversión, a la oración, no haya encontrado aquel acogimiento que debía!

¡Qué mal nos hace que muchos participen tan fríamente en la obra de la Redención de Cristo!

¡Que tan insuficientemente se completa en nuestra carne “aquello que falta a los sufrimientos de Cristo!” (Col 1, 24).

Oración:

¡Sean benditas, todas las almas que obedecen a la llamada del Amor eterno!

Sean benditos aquellos que, día a día, con inexhausta generosidad acogieron tu llamado, oh Madre, para hacer aquello que dice tu Jesús (Cfr. Jn 2, 5) y dan a la Iglesia y al mundo un testimonio sereno de vida inspirada en el Evangelio.

¡Se bendita, encima de todas las criaturas, tú, Sierva del Señor, que más plenamente obedeces a este Divino llamado!

¡Se alabada, tú que estas enteramente unida a la consagración redentora de tu Hijo! Amén.

Padre nuestro. Dios te salve, María.

Fuentes: El mensaje de Fátima (2000), Homilia del Papa Juan Pablo II en Fátima (1982), Oración de consagración al Inmaculado Corazón de María (1982), Oración a la Virgen de Fátima (2017).

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