ALABANZA A DIOS Y SERVICIO A LOS HERMANOS según Hebreos

La lectura y meditación de Carta a los Hebreos es fundamental para adentrarse en la espiritualidad del Padre Dehon.

a. EL MEDIADOR PERFECTO, NUEVO MOISÉS

Cristo, Hijo de Dios (1,5-14) y hermano de los hombres (2,5-18) es mediador de la alianza en la misma constitución de su ser. Recibe el título de “sumo sacerdote” (2,17), al que corresponde la función fundamental de ejercitar la mediación entre Dios y los hombres. A este título se añaden dos adjetivos “digno de fe” y “misericordioso”, que designan dos cualidades, esenciales y necesarias para establecer y mantener una alianza. “Digno de fe” se refiere a la capacidad de poner al pueblo en relación con Dios, “misericordioso” expresa la capacidad de comprensión y de ayuda fraterna para con los hombres. El misterio de Cristo abarca la adhesión a Dios y la solidaridad fraterna, dos aspectos de una única disposición de alianza.

b. LA “NUEVA ALIANZA”, FUNDADA EN EL SACRIFICIO DE CRISTO

El autor describe en 10,1-18 el efecto, el valor salvífico del sacrificio de Cristo y lo presenta como la intervención decisiva que ha cambiado radicalmente la situación de los hombres con respecto a Dios. Insiste sobre la supresión de las culpas: los pecados no son ya recordados (10,17), están perdonados (10,18). Las dos frases más significativas que definen esta eficacia salvífica lo hacen desde el punto de vista positivo del don de la santidad (10,10) y de la perfección (10,14). Por consiguiente el ofrecimiento único de Cristo tiene un doble efecto: confiere la perfección a Cristo y la confiere a nosotros. En su pasión y resurrección Cristo era pasivo y activo: ha recibido y realizado la perfección, es decir la relación perfecta con Dios y contemporáneamente nos la ha comunicado; o mejor, ha recibido la perfección para comunicárnosla. Así ha establecido la nueva alianza.

LAS EXIGENCIAS DEL DON DE LA NUEVA ALIANZA

Aquéllos que por causa de la ofrenda de Cristo han recibido el perdón de los pecados y están santificados, y han pasado así a la nueva alianza, se encuentran en una nueva situación que por su parte pide un nuevo comportamiento. El autor delimita los rasgos característicos y las exigencias en 10,19-25. El texto comprende dos partes: la primera de naturaleza descriptiva (vv. 19-21) y la segunda de naturaleza exhortativa (vv. 22-25). La parte descriptiva define la nueva situación creada por la intervención de Cristo. Presenta por tanto la nueva alianza sobre todo como el don maravilloso que Dios nos ha hecho en Cristo, y muestra que poseemos tres realidades: un derecho de entrada, un camino y una guía (indicativo). La parte exhortativa expresa las exigencias e invita a asumir las tres actitudes de fe, esperanza y caridad; es preciso que el hombre acoja activamente el don de Dios (imperativo). El texto presenta de modo ejemplar la conexión estrechísima entre el don antecedente divino y la tarea consiguiente humana, entre el indicativo y el imperativo.

a. PROGRESAR EN LA RELACIÓN CON DIOS

Todos nosotros estamos invitados a acercarnos a Dios, a entrar en un íntimo contacto con él. Ante todo se reclama una adhesión personal a Dios. Ésta se verifica practicando las virtudes teologales que tienen una relación estrecha y directa con la nueva alianza.

La primera condición para acercarse a Dios es la adhesión de fe a Él por medio de la mediación sacerdotal de Cristo. La invitación a la “plenitud de la fe” (10,22) está fundada sobre la eficacia perfecta del sacrificio y sacerdocio de Cristo que introducen a los hombres realmente en la comunión con Dios. La plenitud de la fe se obtiene “con los corazones purificados de toda mala conciencia y el cuerpo lavado con agua pura” (10,22). Esto se refiere al sacramento del bautismo en cuanto al rito externo y a la eficacia interna. Con estas palabras el autor indica el cambio radical entre la antigua y la nueva alianza, el paso a una alianza más interiorizada. La aspersión con la sangre de Cristo alcanza al hombre en su corazón (cf. Jer 31,33; Ez 36,25), lo libra de sus malas inclinaciones, lo transforma y renueva.

La segunda actitud es la esperanza (10,23), estrechamente vinculada a la fe (cf. 11,1); ello expresa el aspecto dinámico de la fe, porque el mensaje que recibimos no es la revelación de una verdad abstracta, sino de una persona que es camino y causa de salvación. Tenemos la esperanza de alcanzar la herencia eterna, de entrar para siempre en el descanso de Dios.

El autor exhorta, finalmente, a la caridad (10,24-25). La relación entre alianza y caridad es muy estrecha. La caridad comprende siempre las dos dimensiones: la unión con Dios y la unión con los hermanos, que son las dimensiones fundamentales de la nueva alianza. Estos versículos invitan a estar atentos unos a otros para progresar en la caridad efectiva que produce obras buenas y subrayan particularmente la exigencia de ser fieles a las reuniones de la comunidad.

b. SACRIFICIO DE ALABANZA A DIOS Y DE SERVICIO A LOS HERMANOS

Después de otras exhortaciones al buen comportamiento (13,1-14) sigue una síntesis de la vida moral cristiana en estrecha conexión con el sacrificio de Cristo y con su mediación: “Por medio de él ofrecemos a Dios continuamente un sacrificio de alabanza: éste es fruto de labios que alaban su nombre. No olvidaros de hacer el bien y de compartir vuestros bienes, porque el Señor se complace con tales sacrificios” (13,15-16).

El culto cristiano se realiza principalmente en la vida cristiana. Este es verdaderamente cristiano porque cuenta con la mediación de Cristo “por medio de él” (13,15), y consiste en unir la propia existencia al sacrificio de Cristo para hacerla subir hasta Dios. Esto sucede de dos modos que son ambos necesarios y que corresponden a dos aspectos del sacrificio de Cristo: con su sacrificio Cristo ha glorificado a Dios y ha salvado a sus hermanos. Del mismo modo el cristiano debe alabar a Dios y servir a sus hermanos. Cristo ha mostrado una perfecta adhesión a la voluntad de Dios (cf. 5,8; 10,7-10) y una generosa solidaridad con los hombres (cf. 2,17-18; 4,15). Por medio de él y con él toda la vida de los cristianos debe consistir en la transformación de su existencia para vivir obedientes a Dios y generosos en el entregarse a sus hermanos.

PONTIFICIA COMISIÓN BÍBLICA, Biblia y Moral, 62-66

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