Papa Pablo VI – Oración por la Iglesia a la Virgen de Fátima

Oh Virgen María, Madre de Dios, Madre augustísima del la Iglesia, a ti encomendamos toda la Iglesia.

Tú que con dulce apelativo eres invocada como “ayuda de los Obispos”, custodia a los sacros Pastores en el cumplimiento de su misión y quédate con ellos y con los sacerdotes, los religiosos, y fieles laicos, y con todos los que los ayudan a sostener las arduas fatigas de su ministerio pastoral.

Tú que por Divino Salvador tu Hijo, moribundo sobre la cruz, has sido dada por Madre amadísima al discípulo que él privilegiaba, acuérdate del pueblo cristiano que a ti se confía.

Acuérdate de todos tus hijos; ratifica ante Dios sus plegarias con tu personal prestigio y tu autoridad, conserva integra y constante su fe, corrobora la esperanza, enciende la caridad.

Acuérdate de aquellos que luchan en las tribulaciones, en la necesidad, en los peligros, y sobre todo de aquellos que sufren persecución y están encarcelados por la fe cristiana. Para ellos, Virgen Madre, impetra fortaleza de ánimo y acelera el deseado día de la debida libertad.

Dirige tus benignísimos ojos a nuestros hermanos separados, y dignate concederles que finalmente nos reunamos como en un tiempo, tu que has generado a Cristo, puente y artífice de la unión entre Dios y los hombres.

Oh templo de luz incorrupta y jamás oscurecida, ruega a tu Hijo Unigénito, del cual hemos obtenido la reconciliación con el Padre (Cf. Rm 5,11), para que tenga misericordia de nuestros errores, mantenga lejos todo género de disgregación, infunda en nuestras mentes la alegría de amar a los hermanos.

A tu Corazón Inmaculado, oh Virgen Madre de Dios, encomendamos todo el género humano; condúcelo a reconocer a Cristo Jesús, único y verdadero Salvador; presérvalo de las desgracias que los pecados atraen y dales la paz, que se funda en la verdad, en la justicia, en la libertad y en el amor.

Concede finalmente a toda la Iglesia que, pueda cantar un himno solemne de alabanza y de agradecimiento al Dios de la misericordia, un himno de alegría y de exultación porque grandes cosas ha hecho por medio tuyo el Omnipotente, oh clemente, oh pía, oh dulce Virgen María.

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