Aquí estoy

Oblación

El P. Dehon se propuso unir su vida a la oblación reparadora de Cristo al Padre, por toda la Humanidad. Para él y para sus discípulos, en las palabras “Ecce venio…” (Aquí estoy, Señor) y “Ecce ancilla…” (He aquí la esclava del Señor) se encuentra toda su vocación, su deber y sus promesas (cfr. Dir. Esp. 1,3).

Dios mío, te ofrezco este día (o esta acción…)
en unión al Corazón de Jesús y por medio de María,
en espíritu de amor y reparación
para que venga tu Reino de amor en el mundo.
Amén.

Para entrar en la presencia de Dios es imprescindible unirnos a Cristo, y a su oblación reparadora por toda la humanidad. Es por eso que una larga tradición espiritual considera que el “Recuerdo de los misterios de la vida de Jesús” es el paso privilegiado para entrar en la intimidad del Padre.
Vivir en unión con Jesús para ofrecerse al Padre es el gran anhelo del P. Dehon: “Has ofrecido tu vida por mi. Te amo sin medida.., y quiero vivir contigo y amarte cada vez más” (NQ 45,16).
El P. Dehon nos compromete a “ofrecer cada mañana y durante la jornada nuestras oraciones, acciones y sufrimientos en espíritu de amor y de reparación al Sagrado Corazón” (Dir. Esp. 3.2).

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